PARTE I EL OBSERVADOR
PARTE I
El Observador
Era
de noche, los pasajeros comenzaban a subirse en aquel tren parado en la
estación de Luesia. Los avisos de los asistentes indicaban que solo faltaban
cerca de veinte minutos para la partida. Algunas familias iban apresuradas para
registrar algunas maletas adicionales dentro del transporte mientras que otros
iban tranquilamente subiendo al vehículo.
Uno
de los pasajeros veía en su celular parte de las noticias recientes. Nuevos
hallazgos y la liberación de los que habían sido los supuestos criminales de los
secuestros y asesinatos.
̶ Tch … nadie de ellos saben hacer bien su
trabajo … por mí que se vayan todos al demonio.
̶ comentó fastidiado aquel
hombre de edad quien subía al tren.
A
su detrás, aparecía la silueta de un joven de largos cabellos quien vestía de
terno acompañado de un sombrero y gafas negras como si tratara de ocultar su
identidad.
Aquel
varón ingresó igualmente al tren y se dispuso en buscar la cabina que le
correspondía. Comenzó a caminar viendo sus alrededores; era como si fuera la
primera vez que viaja en tren; sin embargo, una asistente reconoció el estado
de aquel hombre y le ofreció su ayuda para ubicarse.
Durante
el trayecto, se pudieron escuchar los comentarios de varios pasajeros que
hablaban de la situación de Luesia antes de partir.
̶ Espero que nos vayamos rápido de esta ciudad
de locos. Puede que se vea placentera, pero todos los ciudadanos están mal de
la cabeza.
̶ Tienes razón; aunque sea como un lugar
turístico, actualmente es muy peligroso por la ola de crímenes.
̶ Yo escuché que incluso condenaron a un par de
jóvenes como los responsables de los secuestros rumoreados … vaya grupo de
idiotas … como ese par pudo haber hecho todo eso sin ser descubiertos en varios
meses.
̶ ¡Cállate! Si quieres hablar de eso, espera a
que nos vayamos primero.
La
asistente se detuvo frente a una puerta refiriéndose a que este lugar era donde
correspondía estar aquel joven según su boleto de viaje.
̶ Al parecer está vació por el momento, pero
esta cabina será compartida con tres personas más. Espero que no tenga ningún
inconveniente. ̶ informó amablemente la asistente mientras le
entregaba su boleto de viaje.
En
el momento en que el joven hombre sacó su mano derecha de su bolsillo del
pantalón para recibir el boleto, una pequeña tarjeta cayó de él hacia el piso.
La
mujer por cortesía trató de recogerlo para entregárselo cuando se dio cuenta de
que en realidad era una fotografía. La mujer lo observó por un momento y luego
se lo entregó a aquel hombre.
El
varón no demoró en ingresar a su cabina, mientras que la asistente se despidió
mientras se retiraba.
«Supongo
que serán amigos suyos.» pensó la mujer cuando vio aquella
fotografía.
Estando
ya dentro, el hombre se acomodó en el lugar, pues dejaba a su lado una pequeña
maleta que traía consigo.
El
varón se recostó sobre la ventana donde podía observar cómo los últimos
pasajeros iban ingresando apresuradamente.
Entonces,
recordó aquella persona acerca de un presente dejado por alguien quien recién
había conocido. Abrió su maleta y vio como tenia una bolsa que contenía cinco
productos de sopa instantánea de diferentes sabores cada una.
El
joven sonrió al verlos.
̶ Ese hombre … parece ser un buen tipo … no lo
olvidaré. ̶ habló en voz baja aquel joven.
Posteriormente,
aquel hombre sacó su boleto y miró un número que era 224 el cual se refería al
número de la cabina que le tocaba estar durante el viaje. Luego se fijó en
aquella fotografía que se le había caído antes.
La
sensación que transmitía los alrededores de aquel joven se volvía tenso cada vez
que el tiempo pasaba observando la fotografía.
Aquel objeto mostraba a dos sujetos quienes parecían caminar sin haberse dado cuento de que fueron fotografiados.
Uno de ellos era un hombre maduro sin cabello, pero de contextura robusta o algo de músculos. La mirada de aquel hombre era como si siempre se mostrara ser pasivo, pero con carácter. Este varón vestía de traje a diferencia de quien estaba a su lado caminando.
El otro era un joven vestido a la moda. Una chaqueta larga, un polo gris
y un pantalón jean negro. La mirada de este sujeto era pícara y astuta; su
cabello era largo acomodado con una cola de caballo y debajo de su ojo
izquierdo se mostraba un pequeño tatuaje.
El varón sentado dentro de la cabina volteó la foto y vio escrito un mensaje que decía lo siguiente:
Lamentablemente la búsqueda ha fallado,
no lo hemos encontrado. En cambio, hemos percibido la presencia de una extraña
organización que está reuniendo cadáveres sin discriminar género. Adjunto esta
fotografía como pista y posible evidencia de algunos de los integrantes de
aquel organismo. Aun no hemos descubierto sus objetivos, pues no fuimos
mandados a averiguar sobre ellos; sin embargo, si los que leen esto tienen la
determinación para investigar sobre ellos, puede ingresar al siguiente enlace:
https://distribuidora_farmaceutica_Le_Front.ce
Atentamente, El
Observador.
«¿Le
Front?» pensaba aquel hombre al leer el mensaje «Esa
mujer … ¿será parte de esta organización?»
El tren estaba a punto de partir cuando
repentinamente ingresó estruendosamente una pareja de enamorados quienes se
sentaron frente al joven de lentes oscuros.
Aquel
par estaban bastante acaramelados y, aunque el espacio de la cabina daba lugar
para más de seis personas, el ambiente parecía sofocante a causa de esos dos.
El
tren comenzó a arrancar siendo antes avisados por un parlante que se ubicaba en
la parte superior de una de las esquinas de cada cabina que todos los pasajeros
se acomodaran rápidamente antes de empezar el viaje.
El
joven hombre guardó sus papeles y, por unos minutos, solo quedaron dentro de la
cabina aquellos tres. De forma maleducada, la pareja no saludo a aquel hombre,
pues parecían estar en su mundo, pero fue entonces que la cuarta y última
persona que estaría viajando con ellos hizo su aparición.
La apariencia de un joven albino de talvez
unos 17 años que solo vestía un polo negro de manga larga con unos jeans,
correa y zapatos oscuros fue lo que se mostró ante ellos.
Su
cabello era entre liso y ondulado, y sus ojos de color rojo oscuro. Como si
fuera un niño educado se presentó ante los demás respetuosamente; sin embargo,
aquella pareja lo miró de reojo y hicieron señas de burla.
Por
otro lado, el joven de sombrero oscuro respondió a su saludo.
̶ Así que te llamas … ¿Arias Elrod D. … Aren? ̶
reafirmó aquel joven albino.
̶ Sí … un gusto … Daniel.
Aunque el joven llamado Daniel no quiso ser
atrevido preguntó por que era que Aren llevaba un sombreo y gafas oscuras.
̶ … Porque soy … un hombre de negro. ̶
respondió con firmeza.
Esto
causo algo de extrañeza, pero a la vez una pequeña risa.
̶ Eres alguien peculiar, pero no me molesta
… Por otro lado, ¿a dónde te diriges? ̶ preguntó Daniel curiosamente.
̶ … A Madrid.
̶ ¿A la capital? Igualmente yo. Entonces
seremos compañeros de viajes hasta el fin.
̶ afirmó el
joven albino alegremente.
Como
una sensación de nostalgia llenó el corazón de Aren, pues aquellas palabras
dichas por Daniel le hicieron recordar a Alicia.
Sin embargo, la amena charla fue interrumpida
por el hombre de aquella pareja.
̶ ¡¿Quieren callarse de una vez?! … ¡¿No ven
que son una molestia para los demás?!
La
mujer de su lado asentía con una mirada afilada y astuta a todo lo que decía su
pareja.
De
por sí, ya era incomodo estar con ellos; no obstante, se volvió insoportable
estar con ellos al ser victimas de su falta de educación y modales añadiendo la
prepotencia de aquel hombre de cabellos rubios al igual que su pareja. Por
tanto, Aren sugirió irse y buscar otra cabina.
̶ E-Está bien … ̶
respondió Daniel algo intimidado por el suceso.
̶ Sí sí … ¡Ya váyanse! ̶
hablaba la mujer altaneramente.
En
ese momento en que Aren y Daniel recogían sus cosas, fue cuando Daniel se
tropezó al tomar su maleta con Aren que hizo que se cayeran el sombrero y las
gafas de este al tratar de evitar el tropiezo del joven.
La
pareja se dio cuenta al verlo descubierto. La apariencia hermosa y deslumbrante
de aquel varón de traje hizo que aquel par se quedara asombrado, más aún la
mujer quien quedó cautivada por él.
Tomadas
las cosas, sin que Daniel se haya percatado de la apariencia de Aren, los dos comenzaron
a retirarse del lugar; no obstante, la mano de Aren fue tomada fuertemente por
la mujer quien trató de detenerlo.
̶ ¡E-Espera! … T-Te puedes quedar … no eres
… ninguna molestia.
Aren
volteó a verla con una mirada indiferente e hizo que le soltara su mano; esto
no fue de ningún agrado para el enamorado de aquella mujer.
̶ ¡Oye! ¡¿Qué tanto lo miras?!
Comenzó
a exclamar y quejarse aquel hombre, pero la mujer no se quedó atrás y también
le respondió.
̶ ¡¿Y qué quieres que haga?! … ¡Si tan solo
fueras la mitad de guapo que lo es él, no me importaría seguir contigo! ¡Hasta
pasaría por alto tus salidas en las noches cuando vas a reunirte con tus
‘amigas’!
̶ ¡¿De qué hablas ahora, mujer?! ̶
respondió agresivamente el varón rubio.
De
lo acaramelado que estaban se tornó a una pelea que dejaba ver los trapos
sucios que cada uno escondía en su relación. Sin embargo, esto no era de ningún
interés para Aren y Daniel; por ello, se retiraron en silencio dejando solos a
aquel par.
Mientras
ambos caminaban viendo la manera en cómo ingresar a otra de las cabinas, un
asistente vio a ambos caminando como si estuvieran perdidos, por tanto, les
preguntó si requerían alguna ayuda de su parte.
Aunque
ninguno de ellos quería difamar sobre la pareja que habían dejado atrás, Daniel
pidió con cierta timidez si estaba disponible algún otro lugar para ellos dos.
El
asistente se cuestionaba el porqué de su petición hasta que por los parlantes
del pasadizo se escuchó el aviso sobre un problema en la cabina 224 y el envío
de un grupo de asistentes para mantener el orden.
Por
el intercomunicador que portaba cada trabajador del tren, aquel hombre fue
informado con mayores detalles sobre lo que pasaba en aquella cabina.
–
¿Esa era la cabina de dónde vienen? – preguntó el asistente serenamente.
Los
dos jóvenes asintieron.
El
empleado suspiró – Bien, síganme, por favor.
Caminando
dentro del mismo vagón, afortunadamente el asistente pudo brindarles un lugar
para ellos, pero aquella cabina parecía ya estar siendo ocupada por otras
personas.
–
Bien … aquí los dejo; nos disculpamos por los inconvenientes, pero tendrán
que compartir el lugar con dos pasajeros más. Esperamos que no les incomode. –
comentó aquel varón.
«¿Otros
dos?» pensaban algo fastidiados aquel par recordando a la
pareja de antes.
Siendo
así, el empleado se retiró.
Estando
al frente de la puerta, se comenzaron a escuchar como murmullos dentro del
lugar y, antes de ingresar, tomando la manija para abrir la puerta, pudieron
escuchar más claramente los ruidos que provenían de aquella cabina.
–
Oye, solo una vez … ¡Vamos! – parecía ser la voz de un joven.
–
Ya te dije que no … ya no insistas. – respondió la voz que parecía ser
de un niño, pero a la vez parecía algo maduro.
–
¡Qué tacaño eres! … ¡No te va a matar enseñármelo un rato!
–
¿Acaso hablo en chino? – respondió la voz del supuesto
infante.
Aren
y Daniel suspiraron como si trataran de sobrellevar las cosas e ingresaron a la
habitación.
–
De verdad que eres alguien bastante aburrido para tu edad, ¿eh? – afirmó
vacilantemente aquel joven que parecía tener unos 20 años. Aquel varón portaba
una sonrisa vigorosa y astuta, además portaba con un traje sport.
–
Y tú eres tan infantil para la edad que tienes. – comentó algo
fastidiado la persona que tenía la apariencia de un adolescente de tal vez unos
14 años. Este jovencito estaba vestido con un traje formal, pero ligeramente
adaptado para no distanciarse demasiado de la edad de aquel muchacho. Como si
fuese un adulto, el chico estaba sentado al otro extremo de donde estaba el
otro joven mientras que leía.
Sin
embargo, lo más interesante no era eso, sino lo que ocultaba en su rostro. Sus
cabellos eran oscuros y lisos con una mirada afilada, y con un parche que
tapaba su ojo izquierdo.
Aquel
par que estaban dentro notaron la presencia de aquel par que se encontraba
parado en la puerta.
Unos
cuantos segundos quedaron en silencio al verse detenidamente unos a otros.
–
H-Hola … ¿Qué tal? … Disculpen que los interrumpa, pero no nos mandaron aquí
para quedarnos durante el viaje. Espero que no seamos una molestia. – habló
Daniel.
–
Ah … sí … no hay problema. – respondió el joven de cabello
igualmente liso y ojos azules claros.
El
niño suspiró como si de cansancio se tratara.
Habiéndose
acomodado, el joven albino se presentó con los demás; era como si tratara de
romper el hielo.
–
Bueno … Me presento, soy Daniel Crain, tengo 18 años y vengo desde Roma.
–
Oh, un gusto. Yo me llamo Glen Yoshida … Como verán vengo de Japón, pero mi
madre era Inglesa y estoy por cumplir 21 este año.
Pasaron
algunos segundos cuando Glen y Daniel miraron al joven muchacho del parche que
indiferentemente seguía leyendo un libro.
–
Y este de aquí se llama Liam Von Jarden … aunque tenga esa apariencia de
niño, ya es todo un puberto de 15 años … solo que está chato. – presentó
Glen de forma cómica a aquel muchacho de vestimenta formal.
Se
podía ver como una vena comenzaba a hincharse en la frente de aquel llamado
Liam quien miraba con enojo al joven llamado Glen; sin embargo, calmó su enojo
y suspiró.
–
Un gusto. – fueron las únicas palabras de aquel niño.
Aunque
solo faltaba uno más, todos quedaron mirando a aquel joven de cabellos largos
quien se distinguía por su apariencia. Algunos de ellos lo miraban
disimuladamente de reojo; otros, no tanto.
–
Soy Arias Elrod D. Aren … tengo 23 años y vengo de Loarre.
–
Oh … ¿de Loarre? ¿en serio?... ¿Y … dónde queda eso?
– comentó Glen sin malicia e ignorantemente.
–
Pues yo también quisiera saber … – murmuró Aren.
–
¿Cómo dices? – preguntó Daniel.
–
No … nada. – respondió Aren inmediatamente.
El
muchacho Liam se quedó mirando de reojo a aquel hombre de apariencia elegante.
«Ya
veo por qué la chica de antes discutió con su enamorado.» Pensó
Daniel al verlo detenidamente.
Poco
a poco, mientras que el tren no paraba de moverse hasta llegar a su destino, aquel
cuarteto se iba conociendo y conversando más amenamente. La edad de todos ellos
era escalonada, pero no fue obstáculo que los limitara.
–
Entonces … ustedes también van a Madrid, ¿eh? – preguntó Glen.
–
Sí … creo que la mayoría de personas irán a la capital … en mi caso es
porque voy a dar un examen a una prestigiosa academia. – comentó Daniel
alegre y un poco orgulloso.
–
¿En serio? … Igual yo … también iré a dar el examen de admisión a una
escuela de por allá. – comentó Liam algo interesado.
–
¿Exámenes? … Claro que no … yo voy para ganar algunos euros y luego viajar
por todo el mundo. – exclamó Glen entusiasmadamente.
Liam volvió a suspirar.
Luego
todos nuevamente voltearon a ver a Aren como si estuvieran esperando su
respuesta.
–
… Yo voy a ver … a un amigo.
Ya era muy tarde cerca de las once de la noche y el sueño se apoderaba de ellos; por lo tanto, todos se prepararon para dormir acabando así aquel día.


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