PARTE II AÚN SIENDO DESCONOCIDOS
PARTE II
El
viaje era por carretera; el sonido de alarmas y un camino con rieles sobre la
carretera daban paso a un tren que recorría por los campos a mitad de la tarde;
las múltiples ventanas permitían ver numerosas cabinas espaciosas con diversos
pasajeros en ellas y, en el pasadizo interno, iban caminando algunos meseros y
más pasajeros.
Dentro
de uno de los cuartos se encontraban una pareja quien había, hace poco,
acomodado parte de su equipaje dentro del lugar.
̶ Bueno … el tren irá hasta Reinosa, pasará
por Biela y luego por Luesia, ahí nos bajaremos, después de eso te diré que otro
tren tomar para que llegues a Zaragoza.
̶ comentaba una mujer.
̶ Entiendo … ̶
respondió el otro.
Luego
el joven tomo de un bolsillo que estaba en su camisa una especie de tarjeta la
cual tenía su foto y unos cuantos datos. En la parte superior, decía REINO DE
ESPAÑA Documento Nacional de Identidad.
Mientras
que el joven miraba con algo de incertidumbre, dijo ̶
¿Cómo conseguiste esto?
La
muchacha frente a él comentó ̶ Oh, ¿te acuerdas cuando llegamos a la
estación? Te dije que no te preocuparas por los tramites del viaje … ¿Qué tal?
¿Qué te parece? Bastante auténtico diría yo. ̶
haciendo referencia a aquel documento.
̶ ¿En serio hiciste esto? ̶
cuestionó el varón mientras dio la vuelta a aquella tarjeta viendo lo
que había detrás.
La
joven sonrió y dijo ̶ Sabes … aunque hayamos vivido juntos por
algunos años, aún hay cosas que no sabes de mí … Cuando era niña, me ganaba la
vida haciendo estas cosas … después de todo, los inmigrantes ilegales pagaban
bien por uno de estos.
̶ Ya veo … y ¿esta cosa que es? ̶
dijo el hombre que veía una especie de chip al lado izquierdo del
documento.
̶ Eso es el chip de registro de datos, ahí
se almacena los datos de tus huellas dactilares y otras más … con eso puedes
evitar desde fraudes de identidad hasta robos de cuentas bancarias. ̶
explicó la mujer que vestía unos jeans, una blusa y un chaleco de manga
cero.
̶ ¿Cuentas bancarias? ̶
preguntó el varón que traía un chaleco de terno y un pañuelo blanco
sujetado a su cuello.
Mientras
duraba el viaje, la joven se tomó el tiempo de explicarle de todas las cosas
que le era necesario saber acerca del mundo moderno.
Pasaron
las horas, hasta que el joven calló en sueño después de escuchar toda la
información dicha por la mujer.
Su
compañera se dio cuanta y pensó mientras comenzaba a anochecer «Igualmente
yo tampoco se mucho de ti … todos estos años juntos y, cada vez que descubría
algo, mucho menos entendía.»
Al
día siguiente siendo de mañana, el joven despertó y vio que la mujer frente a
él estaba durmiendo y, mientras tanto, se tomó el tiempo para pensar en lo que
debía hacer cuando llegara a Madrid.
«Según recuerdo, Russel pertenece a una
organización de detectives o ¿era de inteligencia gubernamental? … como sea, le
preguntaré acerca del oscuro deseo ... espero que no sea lo que yo creo.»
De
pronto, su acompañante comenzó a despertar
̶ Oh … hola, Aren … ¿ya
amaneció? ̶ preguntó la joven somnolienta.
̶ Sí, recién …
La mujer se levantó de lo que había estado echada en el mueble y, luego de haberse aseado un poco, miró a su al frente detenidamente y con cierta seriedad.
̶ Aren, hay algo que … quisiera proponerte.
Aren
miró a la joven como si se preguntase qué diría.
̶ Mira, ambos somos cómplices por el
‘asunto’ de tu DNI y ahora sabes otro secreto mío; quisiera que ahora tú me
digas algo de ti.
Aren
la observó con cierta desconfianza.
̶ Déjame que explique bien lo que propongo,
dos preguntas; te haré dos preguntas y quisiera que me respondieras con total
sinceridad, sin ocultarme nada; a cambio, yo también responderé dos preguntas
tuyas con las misma condición, ¿qué dices?
̶ mencionó Alicia.
̶ ¿Cómo sabrás que no te mentiré o viceversa?
̶ Los años juzgan por nosotros … creo que ambos
sabremos si alguno miente, ¿verdad? ̶ agregó Alicia.
Las
miradas de los dos jóvenes quedaron cruzadas por algunos segundos, cuando uno
de ellos asintió.
̶ Esta bien.
̶ respondió Aren.
«Bien,
aceptó … es hora del siguiente paso.» maquinaba Alicia.
̶ Entonces, ya que ambos estamos de acuerdo, nos
daremos un tiempo de media hora para pensar bien en nuestras preguntas, ¿bien?
Aren
asintió con la cabeza al escuchar lo último y siendo así transcurrieron los
treinta minutos.
«Todo va como lo planeado … aunque no lo
parezca, aparte de todo el aire misterioso que aparenta, Aren es un tipo
bastante simple … ya tenía preparado de antemano lo que quiero saber de él y estoy
lo suficientemente segura de que cosas él preguntará … ahora el último paso.»
̶ Entonces, empezaré yo … ¿no hay problema,
verdad?
Aren
estuvo de acuerdo.
̶ Siendo así, primera pregunta: ¿Qué o quién
eres realmente?
Aunque
está pregunta era bastante simple, Aren nunca le había revelado información
alguna sobre su verdadera identidad, ni una sola pista.
El
joven se quedó en silencio por unos segundos hasta que decidió responder ̶ …
¿Te refieres a qué tipo de existencia o qué especie de ser soy?
̶ Sí.
̶ Entiendo … … soy un … primigenio o, mejor
dicho, un descendiente de ellos. ̶ respondió aquel varón.
Alicia
no entendió esto, por ende, descuidadamente preguntó ̶ ¿Qué
es … un primigenio?
̶ ¿Esa es tu segunda pregunta? ̶ cuestionó
Aren.
La
muchacha rápidamente reaccionó y negó con la cabeza, posteriormente hizo su
segunda pregunta.
̶ ¿Cuál es tu lugar de origen?
̶ … Yo provengo de una región conocida como Urd
cerca del Éufrates. ̶ afirmó el hombre.
Habiendo
respondido las dos preguntas, Alicia decidió retener las respuestas en su mente
sin cuestionar, pues quería meditar en ella más adelante.
«Sí
… como lo suponía … cada vez entiendo menos.» pensó
irónicamente y continuando dijo ̶ Es todo por mi lado … ahora es tu turno. ¿Cuáles
son tus preguntas?
Recostándose
en la ventana y viendo el paisaje, Aren respondió ̶ He
hecho mis preguntas y ya fueron respondidas.
La
joven quedó desconcertada, ¿Cuándo fue que le preguntó algo? Entonces fue que
recordó dos aclaraciones en forma de pregunta que éste le había hecho: ¿Te
refieres a qué tipo de existencia o qué especie de ser soy? ¿Esa es tu segunda
pregunta?
Alicia
estuvo por unos segundos confundida, pues, después de haber entendido a lo que
se refería Aren, ¿era en serio que no tenía preguntas acerca de ella o de su
pasado que había mantenido en secreto?
La
joven creía conocerlo lo suficientemente bien a quien, que por durante media década,
estuvo viviendo junto a ella en un castillo abandonado, pero no era así. Tal
vez entendía algunas costumbres, gestos o acciones; sin embargo, ella misma
reconoció que realmente no sabía nada de él.
La
pícara y atrevida compostura se tornó en un semblante de tristeza y decepción
en aquella joven, mas una oración hizo que recobrara ánimos.
̶ No te entristezcas, no es como si no nos
volviéramos a ver … tendrás más oportunidades en el fututo. ̶
comentó Aren.
«Hahh
… ¿Quién te entiende?» pensó Alicia mientras que volteaba a ver el panorama desde
su ventana.
Y,
así como la temporada de invierno avanzaba hasta llegar la primavera, aquel
tren siguió sin detenerse atravesando un bosque frondoso hasta llegar a su
destino.
A
pocas horas de su llegada, se escuchó en cada cabina del tren el aviso de la
próxima estación, la ciudad de Luesia, y siendo así la pareja se preparó para
desembarcar.
̶ Hemos traído algunas joyas que parecen
hechas de oro blanco, además de algunas piedras preciosas … si todo esto es
genuino, se puede vender a un precio lo suficiente para vivir unos cuantos
meses sin problemas. Dividiremos las ganancias mitad y mitad. ̶
explicaba Alicia.
̶ Las cuentas bancarias … ̶ mencionó Aren.
̶ Sí
… no te preocupes de eso … llegando te abriré una cuenta … aunque solo
será de débito … las de créditos serán difíciles de obtener … incluso para mí.
Aren
miró con cierta incertidumbre aquel comentario, ya que, al ver el semblante de
Alicia, presintió algo de incomodidad proviniendo de ella. Fue que recordó como
la joven mencionó que deseaba terminar pronto los trámites en aquella ciudad e
irse de inmediato.
Era
desconcertante, pero el varón no le dio más vuelta al asunto y siguieron
adelante llegando así a la estación de Luesia.
La
estación era amplia con modernas instalaciones y grandes áreas verdes que adornaban
el lugar. Todo el sitio estaba con una gran cantidad de pasajeros subiendo, bajando
y otros estando a la espera. El lugar era obviamente lo suficientemente
bullicioso por la cantidad de personas presentes. En la parte superior de la
entrada a la estación había un gran cartel que decía la siguiente frase:
BIENVENIDOS
A LUESIA.
El
tren que recientemente había llegado abrió sus puertas dejando salir
primeramente a cierta cantidad de personas mientras que otros esperaban para
ingresar.
Una
pareja se vio salir del transporte con una cierta cantidad no muy grande de
equipaje. Solo una maleta grande y dos pares de mochilas medianas.
Mientras
que los demás iban saliendo, el par se apartaba del lugar, pero, en un momento,
el joven de traje quedó parado viendo con seriedad uno de las salidas del tren
donde aún seguían bajando pasajeros.
Alicia
lo notó y puso su mirada a donde Aren observaba, y preguntó ̶ ¿Pasa
algo? ̶ con cierta preocupación.
̶ … No … nada.
Los
dos viajeros siguieron su camino, cuando cierta silueta a lo lejos se quedó
viendo en dirección a aquella pareja que se retiraba del lugar.
Mientras
caminaban, Alicia se dispuso a explicar lo que irían a hacer a continuación.
̶ Ya no nos queda dinero; todo se gastó en
los pasajes y en algo de comida … creo que lo primero será vender las joyas …
espero que no haya problemas como la vez pasada. Además, iremos al banco para
abrirte una cuenta y depositarte el dinero.
Al
llegar al final de la estación, se mostró ante ellos un escenario bastante interesante
para el joven. El lugar que daba al exterior estaba lleno de tiendas de ropas, restaurantes,
algunos mercados, un gran centro comercial y un extenso patio de comida que parte
de eso estaba al exterior cercado con arbustos acomodados de forma que parecían
columnas.
Se
observaba como las familias, grupos de jóvenes y adultos, entre otros salían a
pasear y a divertirse en aquella zona. No era difícil de entender, pues era un
fin de semana en la tarde.
Para
Aren ver todo esto era algo bastante agradable, pero aun así mantuvo su
serenidad. Por otro lado, Alicia, al ver a su compañero, sonrió.
Caminando
por la zona, Alicia demostraba conocer varios de los lugares a su alrededor y,
pasando por el centro comercial, sucedía que muchas miradas se fijaron en
ellos.
Realmente
esto ya había sucedido desde antes, pero ahora Alicia se había percatado en cómo
la gente comenzaba a ver con cierto interés y de reojo al varón que estaba a su
lado. Se podía escuchar los murmullos de cómo elogiaban la apariencia de su
compañero.
̶ No lo puedo creer.
̶ ¿Qué tal si le pides su número?
̶ ¿Lo has visto? ¿Acaso es un modelo?
̶ No recuerdo haberlo visto alguna vez.
̶ Qué bueno que no traje a mi chica …
Alicia
se avergonzó un poco, pero también estaba algo alegre de poder estar con alguien
así, aunque sea por un poco de tiempo más.
Fue
entonces, cuando de la nada, el joven comenzó a liderar el camino, Alicia lo
siguió con curiosidad y se dio cuenta de que Aren había fijado su mirada en la ventanilla
de una bodega.
̶ Así que … ha regresado. ̶ se escuchó la voz de una mujer quien sentada
con algunos varones de edad estaba en el gran comedor.
̶
¿Desea que vayamos? ̶ preguntó
uno de los hombres que la acompañaba.
̶ No … iré yo misma. ̶
contestó la mujer.
Mientras
que, en otro lado, en el segundo piso de un restaurante chino, observaba
silenciosamente otra mujer de apariencia joven de cabellos rubios semi ondulados.
̶ ¿Así que … decía la verdad?
̶ ¿Deberíamos esperar a que hagan
contacto? ̶ preguntó un joven que estaba al lado de aquella
mujer.
̶ Sí. ̶ respondió la muchacha.
Aunque
permanecían ocultos de aquella pareja, un mismo pensamiento se apoderó de ambas
partes al mirar desde lejos.
«Ese
tipo … ¿A dónde se dirige?»
Pensaban
mientras veían como Aren se acercó a la ventanilla de aquella bodega y se quedó
mirando en silencio mientras que Alicia veía el resto de producto a su lado.
Repentinamente,
Aren volteó aleatoriamente su mirada en dirección al gran comedor e
inmediatamente después a uno de los restaurantes cercanos.
«¡!
¡Nos descubrió!» fue el único pensamiento que tuvieron
aquellos que se ocultaban.
Aren
volteó su mirada nuevamente en su enfrente y, como si tratara de que nadie más
se acercare, observó detenidamente lo que había frente a él.
̶ Sí … esto no es bueno. ̶
tomó un respiro ̶ … no sé qué sea esto, pero creo que … me
volveré adicto … si lo pruebo. ̶ y dijo aquel varón mientras observaba un
paquete con una etiqueta que decía: NIISAN, sopa instantánea con sabor chifa, ¡pruébalo
ya!
Como
si se tratare del hallazgo del siglo, Aren cerró los ojos y asintió, junto con
una sonrisa, mientras mecía su cabeza.
«Y
a éste … ¿Qué le pasa?» pensaba Alicia.


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