PARTE III SEGUNDO ENCUENTRO
PARTE III
Segundo Encuentro
Alzado sus ojos, las dos miradas se
interceptaron.
La figura de una adolescente de alrededor
de unos 16 años se mostraba en la entrada frente al varón de negro.
Esta joven poseía una larga cabellera
castaña y ondulada que combinaban con el color de sus ojos; una esbelta figura
que podría un poco inclinarse a la malnutrición y un vestido ligero pero largo
de color celeste claro la cubría.
El hombre de negro se conmocionó por
un instante, pero mantuvo su rostro sereno todo el tiempo.
̶ ¿Qué haces en este lugar? ̶ volvió
a preguntar con un tono de preocupación aquella joven.
̶ …
El varón no respondía a sus preguntas
solo se quedaba mirando.
La muchacha se percató de esto y su
preocupación aumentaba hasta llegar casi a la desesperación, pues su
razonamiento llego a creer que aquel hombre era alguna especie de degenerado.
Mas ese pensamiento estaba lejos de
la realidad, pues el joven maestro que seguía observando en silencio había
notado algo extraño: la apariencia de la joven estaba bastante desgastada como
si estuviera en un estrés constante y llena de dolores.
̶ Tú … quién … qué cosa … ̶ la joven comenzó a hablar incoherencias con un
tono agotado y comenzó a tambalearse.
Su mirada se tornaba borrosa y su
sudor era bastante notable en su vestido. A los segundos, aquella joven se
desmayó.
«Bueno … lo veía venir.» fue lo que pensó al
ver el desmayo de aquella joven.
̶ Entonces … ¿Qué hago ahora? ̶ expresó
el varón de negro.
Era la tarde del siguiente día, dentro
de una habitación del castillo, se veía como reposaba una joven en una amplia
cama que había sido limpiada adecuadamente para su descanso.
Siendo el tiempo, la joven comenzó a
despertar y notó que estaba en una habitación considerablemente limpia a
comparación del resto del lugar, pero lo que más le pasmó fue que las ropas que
tenía puesta eran diferentes a las que ella se había puesto.
«¿Q-Qué … por qué mi ropa … ?» En un estado de confusión y
pánico la joven trataba de entender lo que le pudo haber pasado desde que
estuvo inconsciente.
Al menos, había entendido que sus
maletas habían sido halladas por alguien.
Un extraño dolor de cabeza comenzó a
apoderarse de ella; y, aunque tratara de pensar, el malestar anterior comenzaba
a brotar nuevamente.
La joven se quedó recostada viendo
los muros y techos, mientras notaba que no solo su ropa fue cambiada, sino que
también fue aseada, ya que no había rastros de sudor ni suciedad en su cuerpo.
La situación se tornaba más crítica
en su mente, pues quién era esa persona que había visto frente a la puerta del
castillo. Acaso tuvo la amabilidad de tratarla y no abusó de ella en lo
absoluto, era lo que quería creer la joven.
En un momento, mientras su
respiración se volvía más pesada, se comenzó a preguntar dónde estaba aquel
varón.
Pasaban los minutos, y el estado de
la joven comenzaba a empeorar lentamente; parecía ser que iba a desmayarse
nuevamente en cualquier momento. La desesperación se adueñaba de su corazón y
la esperanza se escapaba del brillo de sus ojos.
Poco a poco todo se oscurecía, hasta
que el sonido del rechinido de la puerta de su habitación hizo que despertara
nuevamente.
La mirada moribunda de la joven
recobró un poco de fuerza y se fijó en quien entraba en la habitación.
El perfil de un varón alto con ropas
negras fue lo que presenció y como este iba acercándose trayendo consigo una
toalla y un plato de comida recién preparado.
El joven tomó una silla y se sentó al
lado de la cama.
Como si de un hermano mayor se
tratase, el joven comenzó a secar el sudor de aquella jovencita sobre todo en
el rostro, luego desabrochó la blusa que tenía y prosiguió con la parte
superior del cuerpo. Para la muchacha era vergonzoso que esto pasara, pero no poseía
ya más fuerzas como para resistirse, además le era incomodo el estado de su cuerpo.
Terminado el aseo, el varón hizo
acomodarla sentándola sobre la cama para que pudiera comer. El platillo en si
era como una especie de papilla no difícil de digerir; y él mismo comenzó a
alimentarla.
Al comer todo, la recostó sobre la
cama para que descansara. Se llevó el plato y la toalla, y salió de la
habitación.
La muchacha no preguntó ni dijo algo
pues se había quedado dormida.
Pasó un día entero y ya era el
segundo día desde que aquel par se había encontrado.
La joven volvió a despertar casi a la
misma hora que el día anterior; esta vez se sentía más fresca y un poco ligera,
pero de igual forma estaba en una condición delicada.
Al observar los alrededores del
cuarto, quedó un poco sorprendida de ver que aquel varón estaba sentado al
costado de una de las ventanas observando el paisaje. Repentinamente, al verlo
ahí, un sentimiento de tranquilidad comenzó a llenar el corazón de la debilitada
muchacha.
̶ Me llamo Alicia … Enid … ¿Podrías decirme
… tu nombre? ̶ preguntó con un tono bajo y delicado, pues no
deseaba gastar más su fuerza.
El varón que se encontraba sentado
volteó su mirada hacia aquella joven más no respondió su pregunta.
̶ Sé que no soy quien para exigir … pero
quisiera saber el nombre de quien me ayudó antes de que muera. ̶
volvió a intentar aquella mujer.
̶ Aren ... Aren Elrod D. Arias ̶
respondió por primera vez y en una extraña lengua aquel hombre.
La mujer no entendió que lengua era
esa; supo entonces que aquel hombre era extranjero, pero aun así la había
ayudado. Pero más aun, había una tristeza en la joven en el no poder entender
ni comunicarse.
̶ Mi nombre es Aren. ̶ fue
lo siguiente que escucho la joven.
La sorpresa llenó su corazón, pues
pudo entender esta vez lo que dijo. Una pequeña sonrisa se trazó en su rostro y
comentó estar alegre de que pudieran comunicarse.
Pero después, la tristeza y
preocupación absorbieron su mente nuevamente. Su condición era muy desfavorable
y, tal como ella había dicho, su vida estaba frente a las puertas de la muerte;
pero, parecía ser que, lo que más le preocupaba no era eso.
Su aspecto decía que ya era muy
tarde, tan solo podía esperar a su inevitable muerte. Tal vez en unas pocas
semanas, días o solo en algunas horas sucedería.
̶ Descansa … vendré más tarde. ̶
fueron las palabras de Aren.
La joven de nombre Alicia trató de no
preocuparse más por lo que padecía pues solo le traía pánico y terror; entonces,
haciendo caso a las palabras de su benefactor, cerró sus ojos y durmió.
Sucedió que esa noche, un fuerte
dolor se apoderaba del vientre de Alicia. Sus gemidos comenzaban a
intensificarse y su rostro lloroso se tornaba rojizo.
Parecía ser que el momento de su fin
estaba a unos cuantos minutos. Fue entonces que, la puerta de su cuarto se
abrió dejando pasar a quien la había ayudado antes. Aquel joven, quien ingresó
repentinamente como si supiera lo que estaba sucediendo desde antes, se acercó
a la joven sentándose a su lado nuevamente.
La respiración de Alicia comenzaba a
estabilizarse un poco, pero su condición era como si estuviera desahuciada. Por
tanto, comenzó a hablar entre lágrimas con una suave voz.
̶ Ya … ya no puedo soportarlo más … antes de
irme, quisiera saber ¿Quién eres? … ¿Por qué has venido a este lugar? ̶
fueron las peticiones de aquella pobre mujer.
̶ … te puedo decir es que … yo ya habitaba
en este lugar desde hace algunos años. ̶ respondió Aren
La joven quedó incrédula y pasmada de
aquella afirmación.
̶
Ahora yo preguntaré. ̶
prosiguió el joven ̶ Esta enfermedad que tienes … no ha sido
reciente, parece ser que lo has padecido desde ya hace algunos años … tú ya
deberías haber fallecido, ¿no es así? ¿Cómo has logrado sobrevivir todo este
tiempo?
La mujer seguía asombrándose más aún
casi al nivel del espanto. Quiso indagar en como aquel hombre lo sabía, pero
ella entendía que ya no le quedaba mucho tiempo.
̶ Seguro
que has encontrado mis maletas … pero … hay algo que escondí, un cofre … había
una piedra oscura dentro … emanaba un poder que permitía sanarme por un tiempo
… pero ahora ya no tiene más efecto … aunque esa piedra se tornó más oscura …
solo eso. ̶ de forma sincera, como si no quisiera ocultar
nada, explicó Alicia.
̶
¿Piedra negra? … ¿Dónde encontraste ese
cofre? ̶ preguntó con seriedad el varón.
̶ Estaba … dentro de una habitación … un
cuarto que estaba en la parte alta de una torre de este castillo … yo … iba
cada semana a curarme hasta que … decidí emprender mi viaje. ̶ dijo
Alicia.
Aren suspiró con cierta pesadez.
̶
¿Cómo era aquella habitación? ̶ preguntó
Aren.
̶ Era un cuarto extraño … como un mausoleo …
había seis … no, siete ataúdes … detrás de aquel ataúd de en medio fue donde lo
encontré … ̶ explicó Alicia.
̶ ¿Dónde está el cofre ahora? ̶
preguntó Aren.
̶ Está en …
̶ la joven dudó en
responder ̶ la habitación que usaba antes … está en el
segundo piso encima de la sala principal por el pasadizo izquierdo.
Aren se preparó para ir en busca de
aquel cofre; sin embargo, fue detenido por una pregunta.
̶ Espera … ¿Cómo es que has vivido en
este castillo por años y yo nunca te he visto antes? ̶
preguntó con cierta indiferencia aquella mujer.
El joven antes de irse respondió con
la verdad.
̶ Ciertamente, no nos hemos visto antes …
pero no te mentí al decir que estuve viviendo aquí … más bien, estuve
durmiendo.
̶ ¿Durmiendo? ̶
preguntó con desconfianza la moribunda mujer.
El joven suspiró ̶ Era
yo quien dormía en aquella habitación que tú describiste; en el ataúd en medio
de ellos, yo descansaba. ̶ respondió, Aren, con firmeza.
Alicia quedó pasmada y atemorizada,
aunque había gran incredulidad en su corazón, ella quiso entender las palabras
del joven que se iba.
̶ Descansa … nuestra conversación aún no ha
terminado. ̶ dijo el varón mientras se retiraba.
La muchacha quedó echada en cama, y como
si la enfermedad hubiese quedado pasmada también, la joven quedó pensativa
olvidando su dolor.
Pasaron las horas y aquella mujer
había quedado dormida nuevamente más fue despertada por el joven al ingresar de
nuevo a su habitación juntamente con el cofre en sus manos.
Durante sus reflexiones, Alicia había
tratado de entender quién era aquel varón y que tan verdadero eran sus afirmaciones;
sin embargo, no llegaba a concluir nada sensato.
̶ Dime … ¿Por cuánto tiempo usaste esta
piedra? ̶ preguntó el joven
̶ Creo que … por unos cinco años. ̶
respondió Alicia.
Trató el hombre de negro preguntarle
algo más, pero nuevamente los síntomas de la enfermedad comenzaron a aparecer
más fuertes que antes.
Aren se sorprendió un poco al ver
como la joven comenzaba a sudar y jadear. Las señales de dolor y las lágrimas
de aquella muchacha brotaron y no se detenían, sino que aumentaban más y más.
Solo habían pasado algunos segundos,
pero la joven deseaba que su sufrimiento terminara ya.
Se escuchaban algunos murmullos
provenir de la mujer, peticiones de perdón dirigido hacia varios nombres como
si tratase de enmendar errores pasados.
Ella ya solo estaba en la espera de
que su vida terminara junto con este dolor, aunque aún no llegaba su hora.
El sufrimiento solo se alargaba más,
era como si la muerte estuviese jugando con ella y la mujer solo pedía que
finalizara todo ya.
Fue entonces cuando aquel joven se
acercó hacia ella y alzó una pregunta.
̶ ¿Aun quieres
vivir?
La joven puso su mirada en él y,
entre lloros y dolores, dudó por un instante, pero el dolor hizo que asintiera
con su cabeza.
̶ ¿Crees que puedes sanarte? ̶
volvió a preguntar el varón.
La joven ansiaba la muerte no entendía la pregunta, pero respondió ̶ sí ̶ a los pocos segundos como si se aferrase con esperanza en aquel joven.
Aren vio su sufrimiento y dijo ̶ pues que así sea.
Entonces, mientras que el dolor no dejaba de incrementar en el vientre de la joven hasta el punto de dejarla inmóvil en la cama, el varón que estaba a su lado alzó su mano derecha y la puso en la frente de la mujer y habló suavemente.
̶ Sánate.
Pasó los segundos, e, inesperadamente,
la joven se calmó y quedó dormida.
Todo era oscuro, pero la consciencia
de Alicia estaba despierta; no sabía en donde estaba. Ciertamente todo era
escalofriante, era como estar dentro de un abismo, no se llegaba a ver nada; la
mujer pensó que había muerto y se deprimió en aquel lugar.
Sin embargo, a los pocos instantes,
escuchó un sonido extraño; no podía identificar que o quien era.
A lo lejos vio un pequeño destello de
luz. Ella supo que de ahí provenía aquel extraño sonido. La joven intentó ir y
alcanzar aquella luz, pero era en vano, no podía. Alicia se deprimió aún más
pues creía genuinamente que había muerto.
No obstante, volvió a escuchar aquel
extraño sonido, pero esta vez no intentó moverse, sino que cerró los ojos y
puso toda su atención a aquel ruido.
̶ Alicia.
̶ Alicia.
̶ ¡ALICIA!
La joven abrió sus ojos y vio como
aquella luz a lo lejos se acercó con gran velocidad hacia ella y la atrapó.
Alicia había despertado de su sueño.


Comentarios
Publicar un comentario