PARTE III UN PEQUEÑO TRAIDOR
PARTE III
̶ Cambiando de tema, ¿Qué opinas de los que
nos seguían? ̶ comentó Liam.
Aren
lo miró como si estuviera algo sorprendido de que el muchacho confesara eso.
̶
No hagas como si no supieras … por lo menos, no soy lo suficientemente tonto
como para no darme cuenta de esto.
̶ … Parece que son al menos unos tres. ̶
comentó Aren.
̶ Sí, pero … ¿Por qué dejaron de seguirnos?
¿crees que sean los que nos topamos en la mañana?
̶ No estoy seguro, pero parece ser que
siguieron a Glen y Renato.
̶ Así que piensas lo mismo que yo … ¿crees
que debamos ir?
̶ No … seguramente están esperando a que nos
vayamos para que dejemos solo al niño.
Liam
sonrió.
̶ Es bueno tener con quien hablar.
Los
dos jóvenes quedaron en silencio después de esto mientras esperaban.
La
respuesta de los dos jóvenes fue instantánea, sin vacilar, sin dudar. A los
pocos segundos, los tres hombres armados estaban tirados en el suelo. Uno de
ellos estaba con la muñeca torcida, otro se estaba agarrando su pierna derecha,
mientras que al ultimo estaba arrodillado mirando hacia arriba, pues el filo de
la espada en su cuello solo le permitía estar en esa posición.
̶ ¿Q-Quienes son … ustedes? ̶
comentó el hombre arrodillado con temor.
̶ Eso debería ser nuestra pregunta. ̶ respondió Renato.
̶ E-Ese mocoso no … debería tener la …
protección de alguien … después de lo que hizo … entonces ¿Cómo? ̶
seguía hablando aquel hombre.
Mientras
tanto Glen había botado lejos las armas de los hombres por precaución y agarró
a otro de ellos para interrogarlo en un rincón.
̶ ¿Qué quieren con ese niño?
̶ T-Tú … monstro … no eres … humano … ̶ fue lo único que respondió el hombre de la
muñeca torcida.
̶ Ya deja de hablar tonterías y responde, no querrás
que te rompa la otra muñeca ¿verdad?
Como
si le fuera difícil respirar, el hombre jadeaba de dolor sin responder.
Mientas
tanto, Renato pudo hacer hablar a su rehén.
̶ P-Por favor, no me mates … solo seguíamos ordenes
… ̶
respondió el hombre arrodillado.
̶ ¿Órdenes? ¿Afiliación? ¿Cuál es su
grupo? ̶ preguntó Renato.
̶ … S-Sotomayor …
Como
si el ambiente se hubiera vuelto frio y amenazante, Renato habló nuevamente.
̶ Si estas mintiendo … aquí acabará todo.
El
miedo de aquel hombre no reflejaba rastro alguno de su anterior confianza.
̶ ¡C-Casa Sotomayor! ¡Es lo único que puedo
decir! ̶ exclamó el hombre.
Fue
entonces que Glen se percató de algo, inmediatamente dejó a su rehén y corrió
hasta la puerta para ingresar al interior del hospital. Renato lo percibió
segundos después y siguió a Glen.
No
hubo ruido; sin embargo, repentinamente se observó como la trayectoria de una
bala llegó hasta la cabeza de aquel hombre arrodillado que había confesado,
posteriormente, hubo dos disparos más que llegaron a la cabeza de los otros dos
hombres.
Para
ese momento, Glen y Renato apuradamente ingresaron dentro de la entrada y se
colocaron al lado del muro que rodeaba la puerta. Inmediatamente se vio como
dos balas atravesaron la puerta impactando contra el piso.
Sí,
había un francotirador en alguna parte.
Antes
de poder reaccionar, escucharon ambos una alarma dentro del hospital, pero no
era a causa del tiroteo, sino que era por un paciente.
Los
paramédicos habían ingresado a una habitación donde se encontraba un niño cuyos
signos vitales estaban cayendo.
Liam
y Aren se preocuparon y trataron de ver que es lo que sucedía; sin embargo, no
los dejaron pasar. Solo podían esperar en la recepción.
Pasó
casi unos diez minutos cuando Daniel acompañado de Glen y Renato se reencontraron
con Aren y Liam.
̶ ¡¿Qué sucedió?! ̶
preguntó Daniel.
̶ … Parece que la condición del niño está
empeorando … nos han dicho que esperemos … ¿Qué hay de ustedes? ¿Pudieron saber
algo del seguro? ̶ comentó Liam.
̶ Ah … sobre eso … ̶
respondió Glen.
La
respuesta era obvia, pero nadie dijo nada.
Pasaban
los minutos hasta hacerse horas, llegó la tarde y en la recepción solo estaban
Aren y Daniel, pues el resto habían ido por comida.
A
los instantes, salió un medico preguntando por los familiares del niño. Solo
Aren y Daniel fueron a hablar con él. Ciertamente la situación era crítica y el
comentario fue definitivo: solo resistiría hasta esta noche.
Aunque
estaba un poco más estable, el doctor solo permitió que uno ingresara a verlo,
aquel que era su tutor legal por así decirlo.
̶ Yo iré.
̶ dijo Aren.
Daniel
no dijo nada, solo asintió.
Pasado
unos minutos, el resto habían llegado con el almuerzo o talvez la cena y solo
se encontraron esperando en la recepción a Daniel.
̶ ¿Y Aren?
̶ preguntó Glen.
̶ … Se fue a ver al niño. ̶
respondió Daniel desanimadamente.
El
resto podía intuir lo que pasaba y solo se quedaron en silencio dándole uno de
los almuerzos que habían comprado.
̶ ¿Tuvieron algún problema al salir? ̶
preguntó Daniel mientras comía.
̶ No … nada … ̶
respondió Glen.
A
la verdad, con el asunto de los atacantes, ellos estaban con cierto temor de
salir del hospital; sin embargo, se encontraron con alguien en su camino.
Era
un hombre de bata blanca, joven y alto. Parecía ser otro doctor; sin embargo, su
mirada era fría. Este hombre estaba a la espera de la puerta de la salida del
hospital, era como si estuviera esperando.
Los
tres jóvenes se dieron cuenta y se quedaron quietos. A los segundos aquel
hombre salió a su encuentro y tuvieron una pequeña charla.
̶ Así que salieron ilesos, ¿eh?
Glen
y Renato entendieron que era uno de aquellos atacantes.
̶ ¿Qué es lo que quieres? ̶ preguntó
Glen.
̶ Tranquilos … no les haremos nada.
Al
decir esto, Liam y Renato se dieron cuenta de que había algunas personas dentro
del hospital quienes los veían fijamente.
̶ Parecen que no son lo que aparentan,
¿verdad? … Por lo que sé, ustedes recién han conocido a Marcelo, ¿no es así?
̶ Sí … ¿y qué tiene? ̶
respondió Liam.
̶ Miren, chicos … no queremos realmente
involucrarlos en esto … como verán ese niño está por dar sus últimos suspiros …
solo no intervengan más en el asunto, ¿entienden?
A
diferencia de la anterior vez, la actitud de Glen y Renato era más reservada,
pues eran conscientes de aquel francotirador. Es decir que fuera o dentro del
hospital, ellos estaban en territorio enemigo; pero, a la vez, se percataron sobre
el insistente pedido de aquellos hombres en no querer que los jóvenes se
entrometieran.
̶ Oye, ¿acaso nos arriesgaremos por alguien
que recién hemos visto? ̶ dijo Renato a Glen.
̶
…
̶ Opino lo mismo … no es conveniente que
tengamos enemigos por alguien que lamentablemente fallecerá pronto. ̶
argumentó Liam.
Siendo
influenciado por ellos dos, Glen desistió.
̶ Está bien … pero al menos déjanos
acompañar al niño hasta su ultimo momento.
̶ hizo Glen una petición.
El
hombre de bata blanca sonrió.
̶ Está bien. Es bueno que nos podamos
comunicar civilizadamente, ¿no creen? Siendo así, ya pueden salir. No les
pasará nada.
Al
terminar de hablar aquel hombre ingresó al hospital pasando al lado de los jóvenes
con una sonrisa en su rostro.
Habiendo
recordado aquel momento, Glen se quedó en silencio. Esto era extraño para
Daniel y por esta misma razón había hecho aquella pregunta.
Dentro
de la habitación donde estaba aquel niño dormido, un joven quien estaba se
sentaba frente a la cama lo veía en silencio.
A
los segundos, parecía que el moribundo muchacho comenzaba a despertar de su
sueño y al abrir los ojos comenzó a ver sus alrededores hasta que logró ver la
silueta del hombre quien estaba sentado junto a él.
Por
un momento reaccionó con temor; sin embargo, las palabras del joven lo
tranquilizaron.
̶ No temas, Marcelo. No estoy para hacerte
daño.
El
joven observó bien quien era y vio la figura de un hombre de aspecto agraciado
y cabellos largo con unos intensos ojos color carmesí quien lo observaba
apaciblemente.
̶ ¿Usted … quién es? ̶
fue lo primero que Aren escuchó decir al niño.
̶ Cuando te tropezaste hoy en la mañana
mientras escapabas, soy parte del grupo con el que te topaste. Luego de eso te
trajimos al hospital cuando te desmayaste.
̶ Un … hospital …
̶ …
̶ ¿Qué dijeron … los doctores? ̶ dijo el joven quien a pesar de una corta edad
parecía similar al comportamiento maduro de Liam.
̶ …
̶ Dime la verdad, por favor.
̶ … Solo hasta esta noche.
̶ Ya veo.
Quedaron
en silencio. Pasaron los minutos y algo pudo notarse en el rostro del pequeño.
Las
lagrimas comenzaban a aparecer debajo de sus ojos; los gemidos indecibles y el
repentino sollozo era lo que se mostraba en aquel niño.
Luego
se escuchó decir una sola palabra en su boca.
̶ P-Perdón …
Aren
quedó algo confundido ¿Perdón? ¿A quién le pedía disculpas ese niño?
̶ P-Por favor … perdónenme …
Aren
no interrumpió la confesión del niño.
̶ Y-Yo solo … estaba …
El
joven de cabellos largos no podía entender a quienes se refería.
̶ S-Señorita … Emi … por … por favor … perdóname
… al final quise … pero no pude …
Como
si no pudiera encontrar consuelo, el niño se ahogaba en sus lamentos mientras
se tapaba los ojos. Sin embargo, pudo sentir la calidez en su frente. La mano
de Aren estaba puesta sobre él.
̶ Estás perdonado, Marcelo. ̶
dijo Aren.
El
sonido de las ondas vitales que se habían perturbado comenzaba a estabilizarse.
̶ ¿Hay algo que pueda hacer por ti? ̶
preguntó Aren.
En
niño que había comenzado a limpiarse sus lágrimas, extendió su mano hacia una
mesa que tenía papeles y un lapicero.
Aren
entendió el mensaje y los tomó.
Repentinamente,
tratando de no tartamudear, el niño comenzó a decir una serie de palabras:
Calle Rosvelt, lote 53, Mz. C, Cipreses.
Luego
agregó.
Las manijas … sus números concuerdan
con … las llaves
Al
terminar de decirlo quedó en silencio.
Aren
apuntó todo esto sin preguntar la razón.
El
niño miró como el cielo comenzaba a atardecer a través de la ventana que estaba
a su lado.
̶ ¿Crees que … podré irme al cielo? ̶ preguntó Marcelo.
El
joven no respondió.
̶ Yo creo que … no iré. ̶ agregó el niño.
̶ ¿Quieres ir allí? ̶ dijo Aren.
̶
Sí … creo que papá y mamá están
allá. ̶ como si la madurez de aquel niño se
transformara en la inocencia de alguien de su edad, la voz del niño se hacía
cada vez más infantil.
Poco
a poco, el sonido de las ondas iba haciéndose más lento.
̶ ¿Y qué evita que vayas a donde están
ellos? ̶ preguntó Aren.
̶ … Porque … soy malo … ̶ contestó el niño.
̶ …
̶ ¿Crees que Diosito me aceptará? ̶
volvió a preguntar el pequeño.
̶ Dios … ¿crees en él?
̶ Sí … tal vez … cuando me vaya lo sabré …
Aren
sonrió levemente con amabilidad y con su mano derecha que había antes tocado la
frente del niño volvió a ponerla para acariciarlo.
̶ Pues,
entonces irás allá. ̶ afirmó Aren.
El
niño dejó de ver por la ventana y, como si estuviera esperanzado, miró hacia el
joven de cabellos largos.
̶ ¡¿En serio?! ̶
como si la inocente felicidad de un niño fuera expresado con esa pregunta,
el muchacho se llenó de esperanza.
̶ Sí, pero dime … ¿ya no quieres vivir?
El
niño dejó de sonreír y agachó la mirada.
̶ No … ya no quiero estar … aquí.
Aren
entendió el sentir del niño y cerró sus ojos.
̶ Entiendo … ahora duerme, yo me encargaré
de lo que me has dicho. Otro día hablaremos. ̶
dijo Aren.
Como
si el niño se hubiera olvidado de su condición, felizmente se echó a dormir en
paz.
A
los pocos segundos, el sonido de las ondas comenzó a detenerse hasta que se
escuchó un pitido constante.
Marcelo
había fallecido.
A
los minutos, una enfermera quien había ingresado para tomar cuidado del niño
quedó pasmada al ver que el paciente ya no estaba en este mundo. Rápidamente se
fue a avisar a los doctores quienes al poco tiempo ingresaron a ver el cuerpo
del niño.
Aquel
día fue confirmada la muerte de Marcelo Quispe.
Los
hombres sacaron a Aren fuera de la habitación y se llevaron en la camilla el
cuerpo del infante.
Los
registros indicaban que no tenían familiares ni nadie que lo ayudase a excepción
de un tutor quien lo acompañó en sus últimos momentos.
Al
salir del área de internado, Aren se mostró frente al resto de jóvenes quienes
lo esperaban.
Daniel,
Glen, Liam y Renato quisieron preguntar que había sucedido; sin embargo, al
solo ver el rostro de Aren supieron lo que sucedía. Su rostro reflejaba nostalgia.
Todos
quedaron en silencio y no preguntaron; aquel grupo se retiró del hospital
habiendo hecho lo posible.
Si
fue algo de qué entristecerse o no, solo uno de ellos lo sabía.


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