PARTE III UNA VIEJA AMIGA
PARTE III
A
unas cuadras de la estación, se situaba una serie de bancos y, dentro de uno de
ellos, se formaba una cola de clientes quienes realizaban sus trámites.
Sentados
en las bancas de espera, estaba la pareja quien había ya terminado de registrarse
en aquella entidad.
̶ Escucha bien, Aren. Estas dos tarjetas no
las pierdas de vista por nada en el mundo. Uno es tu documento de identidad
mientras que el otro es tu tarjeta de débito; ambos son importantes en
cualquier lugar que vayas. ̶ explicaba seriamente Alicia.
̶ Entiendo.
La
joven terminaba de explicar algunos detalles más sobre el manejo de todo lo
básico e indispensable para vivir en aquel país, pues su separación estaba
cerca.
Algunos
minutos después, salieron del establecimiento en búsqueda de un lugar para
hospedarse, ya era un poco tarde y aún no habían encontrado lugar donde reposar,
pero felizmente habían podido vender casi todas las joyas que habían encontrado
en el castillo de Loarre.
̶ Aunque el tipo era astuto, al final,
pudimos venderle sin tantos problemas … pero debo decir que ese lugar no era
muy seguro … creo que fue por eso que no hubo que hacer tanto papeleo ni
presentar certificados … ̶ comentaba alegremente Alicia.
̶ ¿Certificados? ̶
preguntó Aren con cierta ignorancia.
̶
Sí … además de que verifiquen las
joyas, usualmente te piden papeles que certifiquen que sean bienes legales …
que no lo hayan robado o algo por el estilo … pero, afortunadamente, me alegro
que ese lugar no haya cambiado. ̶ explicaba la joven.
̶ ¿Qué quieres decir?
̶ Solo fui un par de veces hace años, pero
esa casa de empeño es conocida por hacer fácil las cosas, si tienes algo de
valor, te lo compran y listo. No importa tu origen, ni de donde lo sacaste …
mientras tengas algo ‘interesante’ que ofrecer, entonces le pondrán un precio. ̶ finalizó
de explicar.
̶ … Ya veo.
El
par siguió caminando hasta que hallaron un hospedaje siendo ya casi de noche.
En
la recepción, un varón de traje semi formal salió a recibirlos y los atendió amablemente;
la petición era simple: una habitación doble con baño incluido. Entonces,
habiendo recibido las llaves, antes de retirarse, Alicia preguntó ̶ ¿El
sr. Sakamoto está ausente?
El
recepcionista se sorprendió un poco al saber que aquella joven conocía ese
nombre, pues aquel hombre era el dueño del local.
̶ Lamento avisarles que el sr. Sakamoto no
se encuentra; ha salido de viaje hace una semana, pero tengo entendido que
estará de regreso en seis días. ̶ respondió el recepcionista.
Siendo
así, la pareja se despidió y se dirigió a su habitación.
̶ Tú … ¿conocías ya este lugar? ̶
pregunto Aren con cierta precaución.
̶ Sí … yo solía trabajar aquí. El sr.
Sakamoto fue como un padre y cuidó de mí por unos tres años. ̶ respondió con alegría ̶ … aunque
parece que tendré que esperarlo unos cuantos días hasta que llegue.
Aren
la observó por un instante, pues sintió como si el ánimo de Alicia se hubiera
entristecido un poco. Sin embargo, no preguntó más.
Pasaron
el día desempacando lo necesario y descansaron después de ello.
Al
siguiente día, desde temprano, Alicia y Aren salieron a las calles de la
ciudad. La joven comenzó a enseñarle varios lugares; cabe mencionar que no se
preocupaban por el dinero, pues, tal como lo había dicho Alicia, tenían lo
suficiente para vivir por varios meses sin ninguna preocupación.
Aquel
día, Alicia había programado enseñarle a Aren lugares esenciales, pues sabía
que su compañero desconocía todo.
«Sí,
claro … ¿Cómo alguien pudo haber vivido en ese catillo por casi toda su vida?» cuestionaba
la joven en sus pensamientos sobre aquel varón, luego suspiró, «Aunque no
era mentira que no tuviera sentido común ni supiera cosas obvias … ya no sé qué
creer»
Despejando
su mente de aquellas dudas, siguieron recorriendo el lugar. Lamentablemente, el
paseo parecía ser interrumpido al darse cuenta de algo.
Alicia
al observar entre las gentes pudo notar la presencia de un varón con atuendos
japoneses tradicionales que pasó por una tienda de artículos asiáticos. La
mujer pensó haberse confundido y repentinamente aquel hombre desapareció de su
vista.
̶ Son ellos.
̶ se escuchó decir a través
de un intercomunicador portátil a aquel hombre de traje japonés que se ocultaba
entre el público.
̶
Mientras ellos no lo noten … no hagas
nada aún. ̶ respondió la voz de una mujer por el
intercomunicador.
Alicia
caminaba como si nada pasara; sin embargo, no podía quitarse aquella imagen de
lo que había visto y, por tanto, se dispuso a ir a cierto lugar dejando
encargado a Aren de comprar unos panecillos de melón que vendía una panadería famosa
del lugar.
Aunque
la idea agradó a Aren, su sorpresa fue que había una tremenda cola de espera.
Cuando el joven volteó la mirada, Alicia ya se había ido.
̶ Bueno … todo o nada. ̶
expresó el joven.
Otro
mensaje fue recibido, la chica se había separado y dejado al hombre en aquella
panadería.
̶ ¿La seguimos? ̶
preguntó un hombre de traje negro y lentes oscuro que estaba cerca del
lugar.
̶ Sí … y no pierdan de vista al otro. ̶
respondió la voz de una mujer.
Repentinamente
un par de hombres de traje se pusieron en la cola detrás de unas cuatro
personas que estaban después de Aren esperando en silencio.
Era
un parque bastante concurrido, donde había familias divirtiéndose, el lugar
donde una joven mujer de alrededor de 24 años que vestía una camisa y pantalón
negro con un par de botas oscuras, junto con un varón de edad con un porte
caballeroso y ropas que lo describían como tal, estaba sentada observando el
panorama.
̶ ¿No crees que le das mucha vuelta? ̶
preguntó el varón de traje quien tomaba una taza de café.
̶ No … en estos momentos, también estoy siendo
vigilada … debo ser paciente. ̶ contestó la mujer de al lado.
̶ Dejar que Hayato esté de vigilante es algo
… humillante, ¿no crees?
̶ Bueno … ustedes dos quisieron venir conmigo,
así que aguántense. ̶ respondió la mujer con un ligero sarcasmo.
̶ Por otro lado … conociéndola ¿crees que se
haya dado cuenta?
̶ ¿Qué quieres decir? ̶ cuestionó la mujer.
̶ Pues Hayato fue visto, ¿no es así?
La
desconocida mujer se quedó en silencio por unos cuantes segundos y luego fijó
su mirada hacia al frente con cierta preocupación.
̶ No
… no lo creo. ̶ respondió.
El
varón de traje sonrió y tomo de su taza.
̶ Pues parece que no me conoces lo
suficiente, ¿no crees? ̶ refutó la voz de otra mujer quien estaba
detrás de ellos.
La
mujer sentada volteó su mirada y reconoció quien era.
̶ H-Hola, Alicia … ¿Cuánto tiempo? ̶
respondió la joven mientras observaba como si fuese un rostro sin vida la
expresión de enojo de aquella mujer.
Mientras
tanto, Aren seguía esperando en la cola al igual que los dos hombres de traje
detrás de él; y, aunque no era posible identificar aun si eran aliados o enemigos,
un mismo sentir los unió.
«¿Cuánto
tiempo tendremos que estar esperando?»
Pasaron
cerca de veinte minutos, en aquel parque donde Alicia había encontrado a aquel par
que fácilmente podrían ser confundidos como un padre y su hija. Sentada al lado
de aquellos dos, se llevaba una charla no tan amena.
̶
Así que ¿por seguridad, eh? ̶ mencionó Alicia con sarcasmo e incredulidad.
̶ Sí … después de todo somos amigas, ¿no? ̶ respondió aquella mujer.
̶ …
̶ Además no solo fue por ti, también lo fue
para tu amigo.
Alicia
reaccionó con seriedad cuando hablaron sobre Aren.
̶ ¿Qué pasa con él? ̶
preguntó
La
joven de su lado dudó en seguir hablando
̶ Mira, este no es un buen
lugar para decírtelo todo, pero no has llegado en un buen momento.
Alicia
con cierta precaución preguntó el porqué.
̶
Ha habido una serie de crímenes desde
hace más de cuatro meses y, si lo has notado, la cantidad de oficiales en
lugares públicos ha aumentado.
El
hombre de al lado de las chicas quien solo escuchaba la conversación se quedó con
la cabeza baja, sacó unos lentes oscuros y se los puso.
Aunque
fue una breve conversación, los minutos pasaban como segundos.
Mientras
que, en la panadería, Aren y compañía seguían esperando sin mucho avance.
̶ ¿Para cuando avanzará esta cola? ̶ dijo
uno de los hombres de traje, ̶ si … además ya está haciendo su hambre … ¿no
crees que debamos comprar algunos para nosotros también? ̶ opinó
el otro varón, a lo cual asintieron ambos.
Fue
entonces que un tipo algo astuto quiso colarse, pero todos los presentes lo
notaron e inmediato lo votaron, siendo también participe Aren como los dos
hombres de traje; el sentimiento de unidad se consolidaba.
Pasaron
otros veinte minutos más y siguiendo la conversación en el parque, algo sorprendió
de mala gana a Alicia.
̶ ¿Mi historial? … Eso ya se solucionó, ¿no
es así?
Aquel
guardaespaldas que se había colocado los lentes se mantuvo en silencio
enfocándose en sus alrededores, pues algo percibía como si estuvieran siendo
observados.
̶ Sí, pero hay alguien quien está metiendo sus
narices en esto … no diré nombres, pero quisiera que … ̶ La mujer fue detenido por su aparente
guardaespaldas quien estaba a su lado, pues avisó que ‘ellos’ estaban viniendo.
Repentinamente
un grupo de hombres de traje y lentes oscuros, como unos seis, aparecieron ante
ellos.
Tanto
Alicia como su amiga quedaron en silencio.
̶ Un gusto conocerlas, Srta. Lois Valdelomar
y srta. Alicia Enid … somos oficiales de la municipalidad bajo las órdenes de
srta. Victoria D. Hans. ̶ habló uno de ellos con un tono monótono y
formal.
«¿Victoria?»
se
preguntaba Alicia.
̶ Oh, ya veo … es un gusto igualmente, pero
¿Qué asuntos tiene la presidenta de la alcaldía con nosotras? ̶
preguntó a la defensiva aquella quien fue llamada Lois Valdelomar.
̶ Ciertamente, ahorraremos su tiempo, la
srta. Victoria les hace la entrega de dos invitaciones para una reunión por la
celebración de su vigésimo segundo cumpleaños que se realizará en dos días. ̶
respondió aquel hombre de traje.
Tanto
Lois como su guardaespaldas se veían algo confundidos, pero más lo estaba
Alicia quien no parecía entender lo que estaba sucediendo.
Lois
y aquel varón de su lado se miraron por un momento y posteriormente aceptó la
mujer las dos invitaciones. Sin embargo, aquel sujeto que les estaba entregando
aún no soltaba aquellas cartas.
El
ambiente se tornaba agresivo repentinamente, de forma que el guardaespalda
enderezó su cabeza como si estuviera listo para cualquier cosa.
̶ Debo mencionarles que estas invitaciones
son algo especiales … no son para que asistan al evento público, sino para una
reunión privada al término de la celebración … solo se les permitirá ir con un
‘acompañante’ si creen necesario. Por favor, no falten. ̶ procedió a explicar aquel hombre.
Como
si aquella intimidación no surtiera efecto, la amiga de Alicia, Lois simplemente
asintió con la cabeza y una sonrisa gentil.
Después
de esto, aquellos hombres se marcharon.
̶ No resultó como se esperaba. ̶
habló uno de aquel grupo de hombres que se retiraba.
̶ Ya no importa, lo principal era la entrega
de las invitaciones … eso es todo. ̶ contestó otro.
Terminado
en un posible fracaso con el otro grupo, y habiendo pasado algunos varios
minutos, en la panadería donde estaba Aren, salieron los dos hombres de traje
que lo habían estado siguiendo con una bolsa de panes recién horneados. Ambos
estaban bastante contentos por el resultado de su paciencia.
Al
salir del lugar se toparon con su grupo. El resto veían lo felices que aquel
par estaba y uno de ellos preguntó.
̶ ¿Y el tipo que seguían?
Uno
del par contestó sorpresivamente.
̶ Ah sí … está justo acá. ̶ señaló un lugar en donde no había nadie, pues
el joven ya se había ido.
El
tipo que parecía ser su líder volvió a preguntar ̶ ¿Dónde
dicen que está?
Pasado
unos segundos y al ver que Aren ya no estaba, aquello dos hombres solo llegaron
a una conclusión.
̶ Chale, la cagamos ¿no?
Pasó
un día desde el encuentro de Alicia y Lois, y dentro de la habitación donde se
hospedaban estaban Alicia y Aren conversando.
̶ Así que … irás a una fiesta de alguien que
no conoces … pero irás con alguien que si conoces … … ¿Estas jugando a los
trabalenguas? Porque yo tengo uno muy bueno.
̶ preguntó el joven.
Alicia
lo miró con un rostro de seriedad y suspiró.
̶ No me queda opción … lo peor es que
Lois no me dijo nada más luego de que esos tipos se fueran … pero, ¿Por qué
cambio de idea tan de repente? Es como que ahora quisiera que fuera sin saber
nada … Sí, una muy buena amiga. ̶ esto último lo dijo con gran sarcasmo.
La
joven no quiso contar más cosas de su amiga ni de los tipos de traje que había conocido
antes, mas, aunque ella no lo supiera, Aren parecía darse cuenta de algunas
cosas.
Mientras
que Alicia seguía pensativa, Aren tomó una carta; y al leerla decía en una de
sus indicaciones que claramente especificaba que el invitado podía llevar un
acompañante como máximo.
̶ Ya lo leíste, ¿no es así? Así que prepárate
y vayamos a comprar ropa. ̶ dijo Alicia sin titubear.
Esto
lo decía pues una de las indicaciones era presentarse con vestimenta formal.
El
joven suspiró de cansancio.
Llegó
el día; era la celebración en una mansión de elegante diseño que frente a ella
estaba una gran plaza. Siendo de tarde, los automóviles llegaban dejando
ingresar a personas de alto estatus. Aunque era una celebración, la cantidad de
personas eran restringidas junto a oficiales que mantenían el orden y la
seguridad.
El
lugar estaba bastando decorado, pero no era ostentoso a la vista, todo
balanceado.
Por
otro lado, mientras que se escuchaba el bullicio y las pláticas en la gran sala
de la mansión, en una habitación lo suficientemente espaciosa para considerarse
una sala de tamaño medio con muebles y algunos aperitivos esperaban un par de
agraciadas mujeres que portaban vestidos de gala esperando de pie.
̶ ¿En serio lo trajiste también? ̶
preguntó Lois con algo de incredulidad.
̶ Creo que era mejor traerlo … algo me decía
que no era bueno dejarlo solo. ̶ contestó Alicia con cierta pesadez ̶ cambiando
de tema, esta vez viniste con Hayato.
̶ Sí … era eso o tendría que ver una pelea
interminable entre ellos para decidir quién me acompañaría. ̶
respondió Lois.
Mientras que estas dos conversaban a la espera de la ‘anfitriona’, en un cuarto contiguo estaban presentes dos personas más. Eran los dos acompañantes de las señoritas; el acompañante de Lois Valdelomar era aquel hombre que había visto Alicia, pues portaba un diseño diferente pero las mismas ropas de estilo japonés; al verlo con más detalle también era un hombre de cierta edad, pero con el pelo ya gris y una mirada afilada y penetrante. Ambos estaban sentados frente a frente en silencio como si estuviesen meditando.
Pasado unos minutos, en la habitación donde se encontraban Alicia y Lois, se pudo escuchar la voz de una mujer decir ̶ Espero no haberlas aburrido demasiado.
Había ingresado a la
habitación una mujer de aspecto ligeramente serio, pero aun así cortés.
Una figura
esbelta y cabellos semi ondulados que llegaban hasta un poco más de la cintura
y, al lado de su rostro, una flor; con una mirada algo madura para su edad y un
vestido que se podría considerar desatinado con respecto a la celebración, pues
era un vestido antiguo que parecía ser de luto.
Aquel vestido era de un color oscuro y con mangas anchas, medianamente largo con insignias en su basta. En el interior había como un vestido blanco ligero que se mecía al caminar.
Las
dos señoritas reconocieron de inmediato la presencia de aquella mujer, pues no
era difícil de entender que era la anfitriona y personaje central de esta
celebración al ver aquellas insignias en su basta.
̶
Encantada de conocerlas, como sabrán,
mi nombre es Victoria D. Hans, la actual acalde de Luesia. ̶
se presentó aquella mujer con un tono amable pero con cierta seriedad.
Lois respondió ̶ Sí … la estábamos esperando. ̶ con una confiada actitud.
Pare
ese entonces, Aren había salido de la habitación sin que Alicia lo suspira, ya
que no había comido en todo el día y ya hacía hambre.


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