PARTE IV EL RECADO
PARTE IV
El Recado
Mirándose ambos
jóvenes frente a frente sin decir alguna palabra solo sonriendo y, por otro
lado, otro varón estaba viendo hacia la ventana pareciendo que evitara la
atención de aquel muchacho que leía las noticias de la mañana en su smartphone
pero que de reojo ponía su mirada sobre él, hacia que todo el ambiente se
pusiera tenso.
Aquel único quien
parecía cuerdo estaba realmente confundido por tal escena, al poco rato, salió
de la mansión sin decir alguna palabra, no era como si alguien le prestara
atención tampoco.
«No sé lo que esté
pasando … pero creo que mejor me largo de aquí.» pensó Daniel mientras
se retiraba del apartamento.
Como si le siguiera
los pasos, Aren se levantó y se dirigió a la salida. Sin embargo, una avisó
hizo que su expresión generalmente serena decayera.
̶ No te olvides
lo que hablamos … queda un día. ̶ comentó Liam mientras
revisaba las noticias.
̶ S-Sí
…
Era la primera vez
que se escuchó a Aren tener ‘miedo’; no, puede que en realidad sea molestia.
Mientras salía del
apartamento, Liam se dispuso a irse a su habitación dejando así a aquel par que
no dejaba de mirarse con expresiones desafiantes.
Como si estuvieran
esperando desde temprano a que nadie estuviera en la sala, ambos comenzaron su
charla.
̶ Entonces
… ¿Eres uno de ellos? ̶ preguntó Glen.
̶ ¿Acaso
no lo eres tú también? ̶ respondió Renato.
̶ Algo
me decía sobre ti … cuando nos atacaste en el cañón, sería realmente tonto que
uno solo pudiera contra cuatro. Pero, ahora con lo que pasó ayer, veo por que
hiciste algo tan temerario.
̶ Bueno
… también me lleve una sorpresa ayer. Quién diría que tenías un as bajo la
manga, ¿eh? ̶ comentó Renato.
Los dos jóvenes
comenzaron a reír levemente.
Los sonidos del
bullicio dentro de una gran residencia en una zona privilegiada de la ciudad
indicaban el transcurso de una celebración.
Dentro de aquella
mansión, varios invitados vestidos elegantemente daban sus felicitaciones a una
joven mujer quien recientemente se había mostrado.
̶ ¡Feliz
25vo cumpleaños, Srta. Sofía!
̶ ¡Qué siempre
goce de buena salud!
̶ Esperamos que
le gusten nuestros obsequios.
Iban y venían algunas
personas congraciándola a la celebrada. Y esta con gran cortesía y amabilidad
trataba de responder a cada uno de ellos. Aquella mujer era acompañada por
algunos hombres de traje que la seguían para protegerla.
Mientras tanto, se
presentaron ante ella, una pareja ya de edad con rostros afables.
̶ Esperamos
no ser una molestia, querida Sofía. ̶ dijo aquel hombre
corpulento.
̶ De
ninguna manera; me honra su visita, duque de Híjar. ̶ respondió
la mujer.
̶ Por
favor, somos casi familia, solo llámanos como si fuéramos tus padres.
La joven mujer
pelirroja sonrió en señal de cortesía.
Mientras estos
conversaban, en un rincón de la mansión, se encontraba un joven de unos 23 años
vestido elegantemente con ropas blancas y a su lado se encontraba un niño de
unos 12 años quien lo seguía por todos lados.
̶ Ian,
¿Por qué no vas a saludar a Sofía? ̶ preguntó inocentemente
aquel niño.
̶ Mateo,
llámala como debe ser … además, nuestros padres ya están ocupados con ella. A
menos que no nos llamen, los dejaremos solos. ̶ contestó el
joven de apariencia suave y algo tímida.
Pero, así como había
declarado, aquella mujer de edad quien estaba al lado del corpulento duque miró
a los dos jóvenes y los llamó.
̶ Creo
que … debo ser más cuidadoso de lo que hablo. ̶ comentó en voz
baja aquel tímido joven.
Los dos jóvenes se
abrieron paso entre los demás invitados, aunque no molestaron las
conversaciones de los demás. Era como si desearan pasar desapercibidos.
Al llegar donde
estaban reunidos, el joven mayor se presentó primero.
̶ E-Es
un gusto verla nuevamente, duquesa de Zaragoza, Sofía Bartolomé de Zaragoza.
̶ Que tenga un
agradable cumpleaños, duquesa Sofía. ̶ agregó el niño.
La vieja pareja al
igual que la muchacha pelirroja sonrieron al verlos.
̶ Que
tanto hacían allá hablando; deberían haber sido los primero en saludar.
̶ comentó la esposa del duque con un tono algo frustrado pero no en
demasía.
Los dos hermanos se
atemorizaron un poco.
̶ Ya,
ya, querida … la cuestión es que ahora estamos todos reunidos. Además, pronto
seremos una familia por ley. ̶ dijo el duque tratando de
amenizar el ambiente.
̶ Es
verdad, justamente de eso quería hablar. Sobre la planificación y el cronograma
de la boda, creo que sería conveniente … ̶ comenzó a hablar entusiasmadamente
la esposa del duque como si fuese su propio trabajo.
Durante la
celebración, el rostro de la duquesa de Zaragoza era visto a través de un
puntero. Sí, estaba siendo apuntada por un francotirador que observaba todo a
través de una ventana de aquella mansión.
̶ Sí,
el objetivo está en la mira. ̶ habló aquella persona ocultada en
una habitación de un edificio que tenía sus ventanas como si estuvieran
polarizadas.
̶ No
hagas nada aún … solo vigílala. ̶ se escuchó desde un
transmisor pegado al oído de aquel hombre que estaba con el arma en el suelo.
Como si ese fuera
todo el mensaje, la comunicación se cortó.
Un hombre quien tenía
puesto su mano sobre su oreja derecha informó de esto a los presentes que
estaban en un pequeña sala decorada; el lugar era amueblado y gran televisor
pegado a la pared estaba encendido dando las noticias sobre el accidente de
aquel tren que había partido a Madrid.
̶ Entonces
… ¿lo lograron? ̶ se escuchó hablar a uno de los presentes
quien era una mujer de unos 30 años.
Aquella sala estaban
reunidos tres hombres de alto estatus, dos mujeres de elegantes vestidos, aquel
hombre quien había portaba el intercomunicador quien parecía ser un mayordomo y
dos hombres más.
̶ Por
supuesto … Marcus está muerto y nosotros tenemos lo que queríamos … eso es lo
que me gustaría decir, pero … ¿Por qué llegó a los tres días un grupo de
rescate desde Rivas? ̶ preguntó Gajel quien estaba acompañado
de un joven hombre de cabello negro vestido con camisa blanca y pantalón negro.
̶ Tampoco
lo sabemos, pero les daremos tiempo para que tomen los que necesiten. ̶
habló uno de los hombres bien vestidos.
̶ Sí,
sí … nosotros les avisaremos en el transcurso del día. ̶ habló
otro de los hombres quien tenía un aspecto algo prepotente.
̶ Entendido,
siendo así nos retiramos … esperamos su pronto aviso. ̶ comentó
Gajel mientras se retiraba junto con su compañero escoltados por el mayordomo.
Dejando aquella sala,
las personas reunidas comenzaron a hablar entre ellos.
̶ ¿Podemos
confiar en ellos? ̶ preguntó la otra mujer.
̶ No,
claro que no, pero los utilizaremos hasta que quieran rebelarse. ̶
dijo el primer hombre quien había hablado.
̶ Sí,
por el momento nos dan buenos resultados … pero no me fio en nada con ese tipo
llamado Gajel … puedo verlo en sus ojos, es un monstro. ̶
comentó la primera mujer.
Todos parecían estar
de acuerdo con aquel comentario.
Al salir de la
morada, Gajel mantuvo aún su sonrisa y expresión amable; sin embargo, su
compañero sabía que por dentro era lo contrario.
̶ ¿Qué
haremos ahora? ¿Solo esperaremos?
Gajel siguió
sonriendo.
̶ Solo
disfrutemos nuestra estancia por este día, cuando lleguemos a Madrid pensaremos
qué acción tomar. ̶ esto no lo decía como una sugerencia, sino
como una especie de amenaza.
̶ ¡Ah,
sí! Avísale a Rord que se nos guarde un lugar cuando lleguemos. ̶
terminó de hablar Gajel.
Mientras aún se
llevaba la celebración en horas tempranas, la joven Sofía parecía estar algo
incómoda y tosigada de las ideas de quien sería su futura suegra acerca de los
planes de la boda.
Su esposo, el duque
de Híjar se percató de esto.
̶ Bueno,
creo que deberíamos dejar los ajetreos para otro momento, hoy es un día de
celebración … siendo así hay que dejar a los prometidos que tomen su tiempo,
¿verdad, Irene? ̶ propuso el duque a su esposa y esta,
sabiendo a lo que su esposo se refería, aceptó.
Tomando con al
niño con ellos, la pareja se retiró del lugar dando espacio a los jóvenes
prometidos.
Aunque la expresión
de la mujer pelirroja no se había visto alterada en lo absoluto, ella pudo
notar como la timidez y vergüenza se apoderaba de su futuro esposo.
Esto hizo que
sonriera, pero antes de poder decir algo, fueron interrumpidos.
̶ Disculpen
que arruine el momento, pero podría tomarla prestada por un momento.
̶ se escuchó la voz de un joven mujer.
La pareja, al voltear
a ver quién era, pudieron notar la presencia de una mujer de largos cabellos
casi purpuras; un simple, pero elegante vestimenta quien era acompañada por un
joven de expresión seria, pero serena.
No solo aquella
pareja de prometidos se sorprendió al verlos, sino los demás invitados parecían
conmocionados al ver a aquella mujer quien había ingresado a la fiesta
recientemente.
̶ Espero
no haber llegado muy tarde, pero igual quería pasar y dar mis saludos. ̶
dijo aquella mujer.
Todo el público
parecía no solo sorprenderse de la apariencia de aquella mujer, sino que había
algo más.
El joven prometido
como si entendiera la situación, dio un paso atrás dejando que aquel par de
mujeres solas.
̶ Agradezco
su intención y más que bienvenida prin-… ̶ antes de poder
terminar de hablar, la joven frente a ella la detuvo.
̶ No es
necesario las formalidades, en cambio, quisiera saber si tienes algo de tiempo.
̶ comentó la mujer de cabello púrpura.
La duquesa Sofía
asintió con su cabeza y, pidiendo disculpas a su prometido, se retiró del
centro de la fiesta junto con la otra invitada y algunos pocos guardaespaldas.
̶ ¿Cómo
estás? ̶ preguntó la invitada.
Estando en una
habitación de la primera planta la cual tenía un pequeño jardín al lado, ambas
mujeres conversaban.
̶ Sí …
estoy bien. ̶ como si la apariencia tranquila y
feliz de hace un rato se desvaneciera, la celebrada mostró una expresión triste
y melancólica.
̶ ¿Has
encontrado alguna pista?
̶ No, nada
aún. ̶ respondió la mujer de cabellos pelirrojos.
Como si tratara de
entender el sentir de aquella triste mujer, la invitada trató de darle ánimos.
̶ Mira,
Sofía … después de que termine mis asuntos en Luesia, volveré a la capital y
preguntaré a mis servidores si es que han podido hallar algo … pero ahora al menos
intenta no pensar demasiado en eso.
La duquesa quedó en
silencio, pero levantó su mirada con una leve sonrisa como si comprendiera las
intenciones de aquella mujer a su lado.
̶ Disculpa
que haya sido una breve visita, pero al menos quería pasar y ver la cara de mi
mejor amiga. ̶ comentó la invitada.
̶ Gracias,
Lisbeth. ̶ fue lo último que dijo la duquesa a aquella mujer.
Habiéndose despedido,
la mujer de cabellos púrpura salió de la mansión junto con un grupo de
guardaespaldas y uno en especial que era casi de la edad de la mujer.
Entrando la mujer
sola con aquel joven guardaespalda en un auto y el resto se dividió en dos
coches más, se retiraron del lugar.
En el auto que estaba
al medio de entre los tres, se encontraba aquel par de adultos jóvenes; ambos
estaban en silencio.
̶ ¿Realmente
tendrás tiempo para eso? ̶ preguntó el joven guardia
cortésmente.
Inicialmente, la
joven dudó en contestar, pero luego se llenó de determinación.
̶ Sí … haré lo
necesario. ̶ respondió.
El guardaespalda suspiró,
pero con una leve sonrisa.
̶ Bueno,
ahora nos dirigiremos hacia el apartamento. Debe revisar algunos reportes sobre
el incidente del tren y sobre los casos de desapariciones antes de irnos a
Luesia.
Como si estuviera a
la altura de sus funciones, la mujer expresó su compromiso elegantemente.
Pasado algunas horas,
siendo la tarde, un joven de cabellos negros y largos vestido de traje ligero
pero formal caminaba por las avenidas de aquella ciudad.
El joven parecía algo
desorientado, ya que parecía ver las calles y, a la vez, revisar la nota escrita
en un papel.
Después de haber
recorrido por varias horas desde temprano, había llegado a una zona
residencial. El lugar era bastante agradable de ver: pistas y veredas limpias,
jardines y parques bien cuidados y mantenidos, las fachadas de las casas eran
modernas y elegantes, entre más cosas.
Realmente era una
zona privilegiada, aunque poca gente caminaba en las afueras.
El joven seguía
caminando sin realmente saber dónde estaba, pues nunca había salido sin
compañía desde que despertó.
Mientras que seguía
caminando, algunas personas que pasaban cerca de él pudieron notar su
apariencia resultando en que eran cautivados por su aspecto; sin embargo, a él
no parecía realmente importarle lo que otros pensaran sobre él.
Él varón solo tenía
un objetivo: llegar a cierto lugar de la forma más discreta posible.
«Tal vez fue … mala
idea salir solo … No, así está bien … creo …»
Los extraños, y
talvez incomprendidos, pensamientos de aquel joven solo hacía que fuera más
condenador la búsqueda.
«El conductor del bus
me dijo que era a unas cuantas cuadras … pero … ni siquiera sé dónde estoy …
tendré que preguntarle a alguien.»
«Creo que … debo
replantearme la forma en como acepto las peticiones de otros … ¡¿Por qué
siempre dejo que mis sentimientos me ganen?!»
El joven siguió
caminando.
Dentro de una
residencia de unos cuatro pisos de alto, en la planta baja había un pequeño jardín
y en él estaba una mujer jugando con su mascota.
La joven mujer de
cabellos púrpura parecía pensativa y algo triste estaba sentada en un banco de
piedra mientras se divertía con aquel golden retrieve.
«Parece que la
desaparición de Emily realmente afectó a Sofía … pero ¿Cómo sucedió? ¿Quién lo
hizo?»
Éstas y más preguntas
rondaban en la mente de la mujer; no obstante, seguía sin respuestas.
De repente, un hombre
de traje que estaba al interior de la casa salió y se acercó a ella.
̶ Lady
Lisbeth, el jefe Bruno ha enviado a informarle que se han actualizado dos
reportes sobre el incidente del tren. Pide que venga pronto a verlos.
La mujer suspiró.
̶ Sí, dile
que iré en un par de minutos, por favor llama al cuidador para que salga a
pasear con Maxi. ̶ refiriéndose a su mascota.
El guardaespalda
entendió y se retiró.
Por otro lado, como
si el perro hubiese entendido de que su dueña ya no jugaría más con él, salió
corriendo por los alrededores del jardín. Sin embargo, esto no preocupó a la
mujer, pues toda la residencia estaba cercada con rejas de metal lo
suficientemente altos y estrechos como para que el golden retrieve no pudiera
escapar.
Como si caminara
lentamente hacia donde su mascota corría, la joven trataba de detenerlo, y, al
acercarse lo suficiente como para atraparlo, la mujer se lazó rápidamente sobre
su querido perro cayendo así sobre el grass.
Algunas hojas del
pasto se desprendieron levemente y una repentina brisa las llevó en el viento
alzándolas aún más igual que el hermoso cabello de la joven mujer.
El sonido de un paso
se escuchó cerca de donde estaba ella, otro paso más dejó entender que alguien
estaba caminando en la vereda adyacente a donde estaba la residencia de la
joven.
Al tratar de acomodar
sus cabellos y sostener a su mascota, la joven, al reconocer que alguien se
acercaba, miró hacia la vereda frente suyo, pues estaba al límite de las rejas.
Un hombre de cabellos
largos, ojos escarlatas quien portaba una figura de suma elegancia y serenidad
acompañado de un traje formal, pero ligero se mostró caminando al lado de la
reja sin siquiera prestar atención a la mujer en el suelo.
Las pupilas de
aquella mujer llamada Lisbeth quedaron impregnados de la imagen de aquel varón
que pasaba y, a la vez, lo siguieron sin decir nada.
La figura de aquel
varón se desvanecía de sus ojos, pues cada vez se alejaba más y más.
Lisbeth quedó pasmada y solo recobró la conciencia
cuando fue llamada por uno de sus servidores.


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