PARTE IV PARTIDA Y DESPEDIDA
PARTE IV
Partida y Despedida
Puesto sobre una mesa un poco
empolvada, estaba un antiguo pequeño cofre que no estaba muy adornado, pero era
algo curioso.
Hecho con alguna madera resistente a
la humedad y las plagas, pues se veía casi intacta a pesar de los años desde su
fabricación.
Alguien tomo y abrió el cofre que al
parecer ya no estaba más cerrado, no había una llave a la vista y no era ya
necesario.
Al abrirlo se encontraba una pequeña
manta rojiza que tapaba el interior, y al retirarla se mostró como una especie
de piedra, parecía ser un jaspe negro, pero la forma era irregular.
El color también era sorprendente
pues parecía que dentro, en su interior, estaba una concentración nublosa como una
densa niebla que se paseaba en el centro de aquella cosa; era como si estuviera
vivo.
La persona que sostenía esta piedra
la regresó de donde la había tomado y cerró el cofre.
«Oscuro
Deseo … ¿Por qué estaba esto conmigo?» pensó aquella persona en lenguas extrañas.
Luego de esto, se retiró del lugar;
se fue caminando por los pasillos junto con aquel cofre hasta llegar a la
habitación donde reposaba una joven señorita.
Pasado el evento en aquella
habitación, Alicia estuvo durmiendo durante días casi una semana y, durante ese
tiempo, aquel joven que la acompañaba en el castillo comenzó a pasearse por
todos los lugares del interior.
Parecía ser que no necesitaba de
comer, pues durante esa semana solo se alimentó un par de días de lo que
encontraba; el ultimo día antes de que Alicia despertara, se fue a ver aquella
habitación donde estado ‘durmiendo’.
Al llegar a la entrada, ingresó y
comenzó a revisar con mayor detenimiento todas las cosas que había en el lugar.
«Estos féretros … aunque los vuelva a ver, no recuerdo nada
de ellos.» reflexionaba el joven «Ni recuerdo siquiera haber estado en este
lugar … no recuerdo … nada.»
Parecía sufrir amnesia, pero eso no lo detuvo de seguir revisando todo lo demás.
«Ciertamente mi ataúd no fue abierto hasta que desperté … pero, entonces … ¿Quién me trajo hasta aquí?» trataba de entender el varón de negro «Además … esa piedra … ¿acaso no la destruí? … pero ¿Por qué ahora ha aparecido en este lugar?»
El joven sacudió su cabeza como si
dejara entender que no le haría ningún bien el seguir pensando sobre el asunto,
pues ya tenía mucho que pensar sobre su llegada a aquel castillo.
Pasó el día y la muchacha había
despertado.
La agitación, el dolor, el
sudor y todo síntoma de su enfermedad se había desvanecido, era como si todo lo
de aquellos días hubiera sido solo un mal sueño.
Alicia se levantó de
golpe y se sentó sobre la cama. Comenzó a ver su cuerpo empezando desde sus
manos hasta sus pies. Por obvias razones, el sentimiento de tranquilidad, paz y
alegría inundaba su corazón.
La muchacha se levantó
con gran alegría y emoción. Aunque no sabía cómo, la mujer estaba confiada de
su condición.
̶
N-No puede ser … yo … de verdad …
̶ comenzó a decir la joven.
Pero, al contrario de su
pensamiento, empezó a sentirse débil y comenzó a desvanecerse.
La repentina
desesperación opacó todo bello sentir que tenía, pero una luz aclaró lo que le sucedía.
̶
Será mejor que no hagas movimientos bruscos … aunque te hayas sanado
de tu enfermedad, sufres de malnutrición.
̶ dijo el joven quien ingresó
a la habitación de la mujer.
Aren, quien sostenía un
plato de comida y una pequeña mochila que era de aquella señorita, ayudó a
Alicia a sentarse en la cama.
Esta vez dejo que Alicia
comiera por sí misma.
Se estabilizó la joven
mientras comía, no dijo ni una sola palabra hasta terminar de comer. Era el
mismo plato de la vez pasada, una especie de papilla fácil de digerir.
La joven notó que otra
vez sus ropas eran distintas, es decir que había recibido otro cambio de ropa
más y que estaba bien aseada, pero esta información ya no le importaba mucho.
Entonces, con cierta
inseguridad, comenzó a hablar.
̶
Así que … estoy sana. ̶ la joven comenzó a lagrimear un poco.
̶
…
̶
¿Cuánto tiempo dormí? ̶ preguntó la muchacha mientras trataba de
limpiarse los ojos y ponerse fuerte.
̶ Casi una semana.
̶ ¡¿Qué?! … Y ¿Cómo he
sobrevivido sin comida ni agua? ̶ exaltadamente preguntó la joven.
̶ … Tengo … mis métodos … ̶ respondió desviando su mirada.
Suspirando aquella señorita,
decidió no preguntar por el tema ̶ Bien … dejando eso aun lado … creo que ya
es tiempo de que me digas … ¿Cuál es tu nombre? ̶ por ende, lo cambió a un tema que le era de mayor
interés.
El joven no respondía y
la joven no volvió a preguntar, pero la mirada en Alicia era de tal forma que
presionaba e instigaba a que le respondiera.
̶
… Me llamo … ̶ quiso responder, pero fue interrumpido de
inmediato.
̶
En español. ̶ aclaró la joven.
Suspirando el joven de
negro ̶
… Me llamo Aren Elrod D.
Arias … ̶ respondió.
̶
Ya veo … ahora explícame, ¿Cómo es que ya vivías en este
castillo? ̶ La actitud de la joven se tornaba como si
fuera de una madre pidiendo explicaciones a su hijo.
El joven no contestó.
̶
Vamos … puede que no sepas nada de mí, pero ya me has visto todo, ¿no
es así? ̶ expresó Alicia con cierta sonrisa que
escondía su fastidio y luego agregó
̶ ¿no crees que al menos me
debas responder esto?
No era la consciencia,
sino la expresión de aquella joven que presionaba a Aren, y, siendo así, se
dispuso a contarle lo único que sabía.
La intención de Alicia
era clara, quería saber todo lo que pudiera de aquel hombre que la había
salvado.
Diligentemente, Aren
contestaba a sus preguntas sin revelar nada que él no quisiera; además la mujer
tampoco era insensible y, por ello, sabía hasta donde preguntar. Después de la
charla o, mejor dicho, interrogatorio, el joven se retiró del cuarto pues ya
era de tarde y quiso descansar.
Alicia se quedó sola y
en silencio dentro del cuarto.
«Amnesia … esos ataúdes … esa piedra … nada tiene sentido, es
como si todo fuese una especie de cuentos de hadas o más bien de magia oscura.»
viendo como solo se generaban más dudas e incoherencias en su mente dejó el
tema.
̶ Será mejor
entenderlo poco a poco … sí … aún tengo tiempo.
̶ habló en alto la joven mientras
se estiraba ̶ Además tengo que recuperarme por completo …
mientras tanto, me tomaré el tiempo para saber más de él, siento que me oculta
muchas cosas … pero por el momento quisiera comer algo. ̶ exclamó mientras se levantaba de la cama y
comenzaba a dirigirse fuera de la habitación.
Mientras comenzaba a caminar por el
pasadizo fuera de su cuarto se le escuchó decir
̶ Qué suerte que sea bilingüe …
¿? … ¿Qué es ese aroma? … huele delicioso.
Aren había estado cocinando y,
siendo así, la joven muchacha fue buscarlo.
Aquel día empezaba a anochecer,
mientras que en aquel deteriorado castillo siguió hospedando a aquella pareja
durante algún tiempo más.
Pasaron los meses y años, la
fortaleza seguía igual más los animales ya habían tenido sus crías.
Era muy de temprano y se veía a lo
lejos cerca del castillo la silueta de una mujer que, habiendo recogido algo de
agua, estaba regresando al castillo.
Dentro de la cocina,
estaba aquella mujer, quien aparentaba tener unos 20 años de edad, preparando
un ligero desayuno. La joven mujer de cabello castaño claro comenzó a tararear
una canción mientras terminaba de alistar todo.
Vestía unos jeans que
parecían estar a la moda, pero con una blusa violeta claro como si tratara de
expresar madurez.
̶ ¡Aren, ven! ¡Ya está listo!
Aquel joven tomó aquella piedra en sus manos y ésta
desapareció misteriosamente dejando rastros de una densa aura oscura. Los
rastros de esa esencia quedaron adheridos por algunos segundos en las manos de
aquel varón.
Yendo hacia donde estaba la mujer que lo llamaba, se reunieron en la cocina donde la pareja terminaba de desayunar.
Entonces, ¿ya terminaste
de prepararte? ̶ preguntó Alicia.
Aren asintió con la
cabeza y ambos salieron del lugar para tomar algunas cosas que pudieran tener
algún valor y, luego, equiparon todas sus mochilas. Las trajeron a la entrada principal
de aquel castillo mientras que el sol aún estaba por llegar a su cima.
̶
Bien … llegó la hora. ̶ dijo Alicia
̶ Cuantos años y cuantas
aventuras tuvimos aquí, ¿no es así?
̶ agregó.
El joven de traje, cuya
apariencia no había cambiado en absoluto, solo se quedó mirando el panorama
frente a él, pero aun así la joven podía reconocer que él estaba sentimental,
después de todo habían estado viviendo juntos por unos 5 años.
Con un tono un tanto
triste y nostálgico, la joven expresó
̶ Desde que te conocí, he
pasado buenos momentos contigo y te lo agradezco, nunca olvidaré todos estos
años … pero ahora es tiempo de que cada uno vaya por su lado.
Aren volteó su mirada
hacia la joven observándola con su imperturbable y serena mirada.
̶
Es una pena que no tengas un teléfono … de verdad desearía que nos
mantengamos en contacto. ̶ mencionó Alicia y, luego, volvió a decir. ̶ Como
prometí, no revelaré nada de lo que ha ocurrido, espero que tú tampoco lo
menciones.
El hombre asintió con la
cabeza más parecía no ponerle tanta importancia.
̶
Bueno … esto es una despedida creo. ̶
mencionó con un tono triste aquella mujer ̶ Entonces, ¡vamos! … te acompañaré hasta
Luesia, de ahí podrás tomar un tren que te lleve a Madrid. ̶ agregó.
La joven mujer volteó
hacia el castillo y con voz alta exclamó
̶ ¡Gracias por todo! ̶
luego volteó a ver al hombre que estaba a su lado y dijo en voz
baja ̶
a ti también. ̶
Fua así que, mientras la
mujer hablaba, los dos tomaron sus maletas y se fueron de aquel castillo que
los había acogido y visto crecer durante varios años, dejando atrás las tierras
de Loarre.
Desde una ventana que
junta a ella estaba un pequeño cofre se mostró la silueta de una persona quien
veía como se iba aquella pareja.


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