PARTE V LO QUE ÉL DEJÓ ATRÁS
PARTE V
̶ ¿Q-Quién era él … ?
̶ ¡Lady Lisbeth! ¡¿Qué está
sucediendo?! ̶ preguntó aquel joven mayordomo llamado Bruno
al ver que su ama estaba en el suelo llena de pasto.
Dos
sirvientas que aparecieron en el lugar fueron de inmediato a recoger a Lisbeth
tratando de limpiarla de los restos del pasto en su ropa y cabello.
̶ ¿Qué sucedió? ̶
preguntó Bruno nuevamente, pero mucho más sereno esta vez.
̶ No … nada. Solo estaba jugando con Maxi.
El
joven al observarla por un momento puso luego su mirada al perro de al lado. De
repente, se agachó, puso su mano sobre la cabeza de aquella mascota y lo
comenzó a acariciar.
̶ Oye, chico … no debes jugar bruscamente con
Lisbeth. ̶ por primera vez se refirió a su ama con solo
su nombre aquel mayordomo.
Estando
ya todos listos, cada uno ingresó al interior de la residencia.
En
aquel apartamento donde los cuatro, no, ahora cinco jóvenes se hospedaban,
Daniel había regresado y vio dentro de la sala como aún seguían sentados Glen y
Renato frente a frente.
̶ Con que así son las cosas, ¿eh? ̶
comentó Glen con una sonrisa desafiante en su rostro.
̶ Siempre lo fueron. ̶
comentó Renato con la misma sonrisa.
Daniel
no entendía en que se había tornado la situación; en realidad, nunca lo
entendió.
̶ Ya bésense, ¿quieren? ̶
comentó Daniel con desinterés al caminar por la sala.
Mientras
que ambos seguían diciendo oraciones que Daniel ya ni siquiera trataba de
entender, él se preguntaba dónde estaba Aren y Liam ya que mañana tendrían que
irse de viaje según el cronograma de la agencia de viajes.
̶ Supongo que nuestra relación cambiará a
partir de ahora, ¿no crees? ̶ comentó Glen ignorando la pregunta de Daniel.
̶ Es una pena y yo que pensaba que ya éramos
muy buenos amigos. ̶ respondió Renato igualmente ignorando a
Daniel.
̶ Váyanse al oscurito. ̶
murmuró Daniel dejándolos solos mientras que fue a ver a la habitación
de Aren.
Al
llegar, notó que la puerta estaba abierta y dentro no había nadie y, por tanto,
fue a ver a Liam.
̶ Liam, ¿estás? ¿Sabes a dónde se fue Aren?
Dentro
de la habitación se encontraba el muchacho echado en su cama mientras leía un
libro. Sí, era algo no muy común de ver en estos días.
̶ No … solo dijo que saldría.
̶ Entiendo … cambiando de tema, pasé por el
hospital de ayer y parece que … el cuerpo del niño fue cremado.
̶ ¿Cremado? ¿Quién pago por eso? ̶ preguntó Liam algo interesado.
̶ Sí, al pasar por la morgue, algunos enfermeros
y técnicos mencionaron sobre la cremación hecha en la madrugada del cadáver de
un niño … luego mencionaron el nombre de Marcelo.
̶ … Ya veo … espero que el niño esté
descansando ahora … donde sea que esté. ̶
respondió Liam como si ya no tratara de darle vueltas al asunto y volvió
a leer su libro.
̶ Sí … que en paz descanse. ̶ dijo
Glen repentinamente quien estaba detrás de Daniel.
̶ Que su alma haya encontrado la paz. ̶
agregó Renato quien estaba al lado de Glen.
Daniel
se sorprendió por la presencia de estos dos, pero luego volvió a la calma y se
retiró a su habitación.
Después
de esto, aquel grupo solo quedó esperando a que viniera el próximo día para
irse.
Habiendo
pasado una hora más desde su recorrido y al haber preguntado a algunas
personas, Aren había llegado a una calle algo amplia donde las casas estaban
algo deterioradas, pero su diseño era igualmente elegante.
Realmente,
eran alguno de ellos como el diseño de hogares de la época monárquica y
mientras iba revisando las direcciones pegadas en los muros de las
edificaciones, pudo notar una que sobresalía sobre las demás.
Era
debido a que era bastante grande en su superficie y estaba cercada por muros de
piedras con orificios que permitían ver que dentro había como un jardín
interior que estaba deteriorado y descuidado, una fuente de agua que estaba
destruida y una edificación al fondo del lugar.
Al
ver la dirección que se mostraba en la placa pegada en el muro cerca de la
entrada principal pudo notar las siguientes palabras:
Calle Rosvelt, lote 51, Mz. C, Cipreses
«¡Al fin!»
pensó Aren.
Al
ver la hoja con la dirección escrita, supo que estaba en la calle indicada,
pero no en el lote correcto.
̶ Lote 51 … ¿Dónde está el lote 53? ̶
dijo Aren a sí mismo.
Caminando
por las casas adyacentes comenzó a fijarse en las direcciones; sin embargo, antes
de este lugar, estaba el lote 52 y el de después le seguía el 56.
A
primera vista, Aren pensó que en esta zona debería estar desde el lote 53 al
55, pero se cuestionaba por qué el lote 51 estaba en medio del 52 y 56 y no
estaban los demás.
El
orden era confuso y las demás casas pudo notar algo extraño, alguna de ellas no
tenía dirección y los lotes 53, 54 y 55 eran unos de los que no aparecían.
Aquella
calle no había ni una sola alma y no había a nadie a quien preguntar, además la
entrada de aquel espacioso terreno tenía una reja como puerta que estaba
encadenada. Todo se tornaba más extraño ¿Cómo una calle como ésta estaba en una
zona residencial altamente cuidada? ¿Por qué los lotes estaban desordenados?
̶ Bien
… creo que me rindo. ̶ dijo Aren al ver las dificultades agregando
el cansancio del viaje.
El
joven se dio media vuelta para volver de donde vino; sin embargo, un
pensamiento lo retuvo.
Al
recordar los últimos momentos de aquel niño, hacía como un eco que no dejaba
que Aren se rindiera de su objetivo.
El
joven suspiró.
̶ ¿Qué hago ahora?
Al
volver a ver la dirección de aquel espacioso lugar y luego viendo el interior a
través de las rejas notó algo extraño. Pudo percibir como al fondo del lugar como
la silueta de una persona quien pasó rápidamente.
Sea
cierto o no, esto esperanzó un poco al joven. Pudiera ser que si realmente
fuera una persona quien viviera en este lugar, podría ayudarlo en saber dónde
estaba aquella dirección.
El
problema ahora era cómo se podría comunicar o mejor dicho entrar al interior de
aquel lugar.
Un
inesperado instinto se apoderó del joven. Como si fuese una especie de ladrón,
el joven comenzó a subir por la puerta hasta llegar a la cima y luego saltar
dentro del terreno.
No
le fue difícil y más aún que no había gente en los alrededores motivó a hacer
su cometido.
̶ El haber estado por horas buscando este
lugar … una puerta no me va a detener. ̶ murmuró Aren.
Aren
al estar dentro comenzó a caminar pasando por el jardín hasta llegar cerca de
la antigua fuente de agua y mientras observaba el lugar detrás de él en el muro
de piedra al lado de la puerta de rejas estaba escrito un número y una letra.
53-C
Al
seguir caminando como si fuese un turista, Aren trató de ir hacia aquel lugar
donde había visto la silueta de antes.
Los
diseños ciertamente eran de la época antigua, donde la monarquía española
estaba en su apogeo, pero ahora solo era una reliquia del pasado toda construcción.
Al
llegar al fondo, se mostraba una gran casa de unos tres pisos de alto y, a su
costado, una especie de cabaña.
El
joven comenzó a ver por todos lados, pero no pudo encontrar aquella silueta.
Esto hizo que se preguntare si realmente había alguien aquí o se había
equivocado.
Por
tanto, trató de regresar a la entrada algo confundido y desmotivado, pero ese
sentir se esfumó al ver aquel grabado en el muro cerca de la puerta.
̶ ¿53-C?
Sí,
al ver ese número su mente hizo recordar la dirección que buscaba. El número
encajaba.
El
joven volteó de inmediato nuevamente con la mirada puesta en aquella deteriorada,
pero gran casa. Al acercase a la edificación, comenzó a tocar la puerta.
̶
… ¿hay alguien ahí? ̶ al
decir esto, realmente no sabía si alguien saldría realmente, pues su mente
había llegado a una conclusión.
«Y
ahora ¿Qué se supone que haga?»
Sí,
los pensamientos que tuvo que haber tenido desde un principio comenzaban a aparecer.
«Qué
o quién busco? ¿Será que aquí vivía el niño? … Por otro lado, ¿Qué pensarán de
alguien que se metió ilegalmente? … »
Pasó
alrededor de diez minutos y nadie habría; no se escuchaba ningún sonido dentro
de aquella casa, solo el sonido de los pajaritos que iban y venían.
«¿Qué procede entonces?»
Al
estar la puerta cerrada, Aren optó por ver a través de las ventanas de la casa;
sin embargo, estaban muy altas; por lo tanto, se las ingenió tomando unos escombros
haciéndolos como un pequeño desmonte que le permitiera alcanzar y subirse a la
ventana que estaba abierta.
Pero antes de poder ver algo, al estar en el
marco de la ventana que tenía vidrios rotos, se resbaló haciendo que cayera
dentro.
La
caída pareció seria, pero inesperadamente Aren se levantó como si nada hubiera
pasado.
«Quería
ser lo más discreto posible … pero ya no importa, ya estoy dentro.»
El
panorama que observó fue un lugar desordenado, con cortinas rotas y empolvadas,
algunos pocos muebles de madera apolillada e inesperadamente un televisor antiguo.
̶ Disculpen … vengo por un pedido de Marcelo
… ¿hay alguien aquí? ̶ dijo Aren en un tono monótono como si supiera
que a estas alturas sería tonto preguntar eso.
Al
ir viendo cuidadosamente el lugar, su confuso objetivo principal fue cambiado
por una repentina curiosidad que terminó en convertirse en una extraña fascinación
explorando el lugar.
̶ Wow … me siento como Dora.
Al
revisar la primera planta, solo encontró escombros, herramientas y dispositivos
disfuncionales. Pero la emoción de ver qué había en las dos plantas superiores
hizo que su curiosidad no disminuyera.
Desafortunadamente,
la segunda planta hizo que se desmotivara un poco.
Solo
había habitaciones con algunos sillones destrozados, una cocina sin utensilios
y demás basura que encontró, además de que estar una especie de tablero para
portar llaves en la cocina encima de un mueble, pero obviamente no había
ninguna.
Aquel
tablero mencionaba números del 1 al 16 ordenadamente, pero, como se veía, no
había utilidad alguna de aquel pedazo de madera.
̶ Creo que de aquí viene el termino de ama
de llaves.
En
ese momento, Aren dudó en seguir explorando y, viendo a través de una ventana de
aquel piso, el cielo estaba atardeciendo un poco lo cual hizo que se
desmotivara aún más.
̶ … Esto se vuelve aburrido … supongo que
iré a ver lo último … no tengo nada que perder igualmente.
Con
esta idea, Aren se animó a revisar el último piso; sin embargo, igualmente no
encontró nada interesante. Fue entonces que recordó que tenía un objetivo por
el que vino.
̶ Bueno … hice lo que pude … no hay nada interesante
aquí … ni siquiera le pregunté al niño qué quería al decirme esta dirección … …
me voy.
Aren
regresó por donde vino o eso era lo que estaba haciendo.
Un
ligero ruido proveniente de aquel piso pudo ser escuchado, pero no era un
sonido identificable. Pudo haber sido el ruido de una pisada, de un animal
pequeño o tal vez de algo cayéndose; no era factible saber su origen.
Esto
hizo que el joven se detuviera y se quedara quieto tratando de ver si se
producía nuevamente aquel sonido.
Pasaron
segundos y no se escuchó nada, Aren pensó que solo fue su imaginación al igual que
la supuesta silueta que vio desde antes de entrar. Por tanto, se dirigió hacia
las escaleras rumbo al segundo piso; sin embargo, al dar el primer paso, se escuchó
nuevamente un ligero ruido, pero esta vez era algo conocido.
Parecía
como el sonido de metal chocando y arrastrándose por el piso.
Esta
vez no era una alucinación, pensó Aren.
Al
comenzar a revisar nuevamente el tercer piso, Aren observó un único mueble que
era un ropero grande con prendas destrozadas tiradas y, dentro. un espejo rectangular
grande con bordes de bronce puesto al lado de la pared de una habitación.
El
varón tomó interés en este lugar, pues el resto de habitaciones no tenían objetos
de metal pesado a diferencia del ropero. Pero aun así este espejo se mantenía
en su posición, por tanto, no habría sido la causa de aquel sonido.
Aren
no encontraba razón a lo que sucedía, pero nuevamente el sonido se volvió a
escuchar.
̶ Así que no proviene de aquí, pero … ¿de
dónde?
Aren
fue a la habitación contigua y, mientras esperaba, buscaba la causa del sonido.
A
los pocos minutos, nuevamente se escuchó, pero con menor intensidad que en la
habitación anterior. Aren se dio cuenta que su instinto no lo engañaba y, al
volver a la habitación anterior, Aren comenzó por ver las paredes sin encontrar
nada de interés.
Sin
embargo, al ver el armario, pudo notar algo extraño en el contorno de aquel
espejo, parecía mal colocado e inclinado al verlo detenidamente. Aren, al mover
las prendas y retirar aquel espejo, observó que el espacio dejado por el espejo
era un hueco donde no había parte del armario, sino que una especie de puerta
lo suficientemente grande para que entrara un niño.
Aquella
puerta era del mismo color que la pared de la habitación lo cual haría que uno
se confundiera al no verlo detenidamente. De repente, aquel sonido se volvió a
escuchar y las deducciones eran obvias: provenía de lo que estuviera detrás de
esa puerta.
Al
tratar de abrir la puerta observó que tenía una pequeña manija con el orificio
respectivo de una llave; sin embargo, la puerta estaba cerrada.
El
joven trató de forzarla, pero no había resultado. Afortunadamente, sus ánimos
regresaron y comenzó a pensar en como ingresar, pero pasaba el tiempo y no había
ningún plan.
Fue
en ese momento que recordó que, en la cocina del segundo piso, había un tablero
con llaves y, aunque no vio ninguna antes, se propuso a revisar el lugar.
Ciertamente
frente a él solo estaba el tablero, pero no había nada más, por tanto, comenzó
a buscar en el piso y rincones del lugar en búsqueda de llaves.
Pasaron
un cuarto de hora, pero no halló nada. Finalmente intentó revisar el mueble
debajo del tablero con la esperanza de encontrar algo; no obstante, fue igual
que antes.
Frente
al tablero, su molestia se hacía evidente y, apoyado sus manos sobre el mueble,
chocó su cabeza con el tablero como símbolo de su cansancio, mas la respuesta
vino a él: se escuchó el sonido de pequeños metales al chocar con el tablero.
Aren
se levantó y volteó el tablero vacío viendo un llavero con trece llaves
colgadas.
De
inmediato subió al tercer piso en donde estaba aquella puerta y comenzó a probar
las llaves, pero parecía que ninguna era la indicada. Su frustración comenzaba
a aumentar.
̶ ¿Por qué no sirve ninguna?
En
realidad, era difícil saber que llave había utilizado pues todas eran del mismo
diseño y parecían que su cifrado eran exactamente igual entre ellos. Pero al
tocar la superficie del agarre notó un relieve extraño; al verlo detenidamente,
pudo observar un numero grabado en cada llave del 1 al 16, faltando los números
5, 9 y 13.
En
ese momento, Aren recordó aquellas palabras del niño quien le había dado la
dirección.
̶ Las manijas … sus números concuerda con … las
llaves.
El
joven comenzó a revisar la manija de la puerta y vio que debajo de ella había
un número grabado que era el 15.
Al
revisar sus llaves, pudo percibir que tenía aquella llave. Y, con gran emoción,
la colocó en la manija y, al darle vueltas, notó que había desbloqueado la
puerta.
Lentamente,
como si fuera a abrir un cofre de tesoro, Aren abrió la puerta; sin embargo, lo
que encontró no fue un tesoro, sino un hecho lamentable.
A
un poco lejos se notaba la presencia de una mujer encadenada, sin brazos ni
piernas y con ropas que parecían manteles sucios. Aquella mujer trató de
moverse haciendo que se escuchara el arrastre de las cadenas en el suelo.
Sí, Aren había encontrado, en condiciones decadentes, a una persona apresada.


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