PARTE VIII DESPEDIDA
PARTE VIII
Las
noticias matutinas explicaban sobre un extraño suceso en un malecón de la
ciudad; el choque de un camión que impacto sobre las tiendas aledañas. Las
cámaras de seguridad habían grabado a un grupo reunido, pero no identificaban
aun quienes eran.
Esto
era así porque todos se habían disfrazado la noche anterior.
Tanto
el grupo de Victoria como el de Lois volvieron a sus lugares. Pronto, la
alcaldesa fue notificada sobre la intervención de los abogados del grupo
Valdelomar en defensa de Alicia Enid, Arias D. Aren y Lois Valdelomar.
Con
la repentina desaparición del jefe del DIS quien ocultamente estaba
influenciando al resto en acusar a aquel par de jóvenes, la defensa se
consolidaba en pruebas veraces sin los obstáculos de una contraparte.
Fue
bastante rápido y a los dos días se les otorgó amnistía a los jóvenes
implicados injustamente. Sin embargo, Alicia fue mantenida bajo ‘vigilancia’
debido a que su historial no la respaldaba, mas reconocían el hecho de que el
anterior gobierno había perdonado sus delitos anteriores a causa de un ‘servicio’
que esta mujer proporcionó.
Siendo
dejados en libertad, Alicia solo salía por zonas cerca de la residencia
Valdelomar con supervisión mientras que preparaba los boletos de viaje.
Todo
lo ocurrido en estos días dejaba un mal sabor de boca en Victoria, pues debía
de revisar los informes del equipo forense acerca de las dos mujeres muertas
encontradas hace un poco más de dos días y. peor aún, sobre aquel abandonado
orfanato.
Lo
que sí sabía era que los secuestrados eran las personas colgadas encontradas en
aquel insólito lugar. Sin embargo, lo que intrigaba más sobre el asunto era que
oficialmente habían desaparecido una cantidad de 53 personas en Luesia, mas en
el mapa de Lois marcaban tres números que al sumarlos daban 117 personas en
total. ¿En realidad eran esa la cantidad de personas secuestras? Pero, de ser
así ¿De dónde proviene la cantidad restante?
Esos
días se ocupó de analizar los casos junto al grupo Valdelomar, pues aún
faltaban por investigar dos centros más según el mapa. Por otro lado, aún
debían entender que información proporcionaba el Pbook.
Habiendo
pasado dos días desde aquel incidente con el joven desconocido, era ya de noche
y, en lo alto del edificio del DIS, se encontraba una silueta que veía el
panorama.
Aquel
lugar era como una azotea despejada. La persona que estaba allí era aquel joven
encapuchado quien se mantenía como si esperara por alguien.
̶ Fue bueno cambiar la fecha de la reunión.
̶ comento aquel muchacho.
Pasado
algunos minutos, la puerta detrás de él comenzó a abrirse dejando pasar a una
figura alta de cabellos largos. Vestido con un terno aquel hombre saludó al
joven.
̶ Disculpa la demora.
̶ …
̶ ¿Y bien? ¿Qué hay del libro? ̶ preguntó el hombre que portaba una ‘sonrisa’.
̶ Lo
tienen ellos.
̶ ¿No te dije que lo recuperaras aun si te
costaba la vida?
Como
si la apariencia fría de aquel joven se hubiera descongelado, se mostró
agresivamente.
̶ ¡Te dije que solo trabajaría si tu dejabas a los terceros fuero de esto! ¡Pero incluso me pediste que acabara con ellos sabiendo que estaba herido!
̶ Vamos, no te pongas así. ̶ sonriendo respondió el hombre de traje.
̶ ¡Vicent! … ¡¿Acaso no lo entiendes?! ¡Casi
muero en dos ocasiones! … Incluso se me cayó el libro en una de mis huidas.
̶
Vamos, Richard … ve el lado bueno, aún tendrás muchas oportunidades. ̶ dijo el jefe del DIS.
Mientras
que ambos conversaban, entre uno de los edificios al lado, igualmente en la
azotea, se encontraba oculta una mujer de cabellos castaños quien escuchaba
desde una considerable distancia.
̶ ¿Qué debería hacer? ̶
comentó en voz baja aquella mujer quien era la misma que había visitado
a Aren cuando estaba en prisión.
La
mujer quien estaba con un vestido verdoso y un collar puesto con la letra LF sacó
una pistola que guardaba con la intención de apuntar a los dos varones reunidos
en la azotea del DIS.
Sin
embargo, antes de que hiciera algún movimiento, una sensación inesperada se
apoderó de todo su cuerpo. No podía entender lo que le pasaba hasta que al
fijarse en el suelo vio una sombra que se acercaba.
Sí,
era miedo. El corazón de la joven se consumaba cuando se percató quien era el
que pasaba por su lado. A primera vista, parecía el perfil de una mujer hasta
que reconoció su rostro. No paró de caminar mientras pasaba; su vestimenta parecida
a un terno se transformaba, como si se adhiriesen pedazos de telas, lentamente formándose
en un nuevo traje.
Sin
mirarla, aquel hombre dijo ̶ Vete y no regreses.
La
mujer calló al suelo cuando el varón se había ido del lugar. De inmediato, se
retiró la mujer de cabellos ondulados.
Fue como una brisa helada soplando en las nucas de aquellos varones quienes conversaban lo que sintieron. Dejaron de hablar; la sonrisa de Vicent se desvaneció y solo mostró una repentina preocupación mientras que el joven cesó su enojo y se convirtió en desesperación.
Se
escuchó el sonido de una pisada detrás de ellos, pero ninguno volteó a ver aún,
era como si estuviesen petrificados. El aire se volvió denso y hacía pesado el
ambiente.
El
sonido de unos pasos se oyó y, en ese momento, los dos varones reaccionaron y voltearon
de inmediato a ver quién era.
Pudieron vislumbrar, cerca de ellos, un hombre de vestimentas oscuras saliendo desde las sombras. La brisa del viento hacía que sus cabellos se despeinaran un poco mientras caminaba manteniendo su rostro serio.
Así
que … eran ustedes. ̶ dijo Aren, con una expresión igual de serena
al reconocer el aspecto de Vicent, el hombre que lo ayudó aquel día en la
mansión de la alcaldesa, y de aquel joven quien había encontrado con los otros
dos cadáveres.
«¿Q-Quién
es este tipo?» pensaba el misterioso joven llamado Richard,
pero al momento se acordó cuando antes de ser encontrado por la policía en
aquella vecindad, fue este varón quien se acercó a él.
Con
un tono solemne y de sumo respeto, incoherente a su personalidad, Vicent preguntó ̶ ¿Por
qué … usted ha venido … a este lugar?
Sin
embargo, Aren no respondió su pregunta.
Pasaron
unos segundos en silencio y nadie dijo nada hasta que escucharon ̶ Váyanse
y no regresen … no lo volveré a decir una tercera vez.
Una
advertencia o una amenaza, eso dependía de como lo interpretara cada uno, pero,
como si fueran el viento, ambos desaparecieron instantáneamente tal y como Aren
había ordenado.
Ya
nadie estaba a su alrededor, ni la mujer quien había visto antes. El joven
comenzó a ver hacia el cielo quedándose por un largo rato y así terminó aquel
día.
Al
siguiente día, Alicia preguntó en donde había estado Aren la noche pasada; ̶ Solo
un paseo. ̶ respondió Aren. La muchacha no preguntó más
pues estaba apurada en alistar sus cosas para irse de la ciudad junto con Aren.
No
obstante, Aren comentó que deseaba quedarse unos días más; Alicia se
entristeció, pues quería irse cuanto antes y no se detuvo en terminar de organizar
sus cosas.
En
una sala donde estaba Lois acompañada de Hayato, Thomas, Eric y Hanzo estaba
revisando el mapa obtenido en los almacenes Wilbur. Fue entonces que la mujer
comenzó a mencionar cual debía ser el siguiente lugar por investigar, mientras
tanto Hanzo sacó un libro pequeño anillado que parecía ser una copia.
Al
revisarlo se dieron cuenta de que era la copia del Pbook quien el joven había
sacado en secreto. Al analizarlo por un par de horas pudieron notar algo; en la
sección de mini mapas, el mapa de la ciudad de Luesia estaba garabateado con
los tres mismos lugares que el mapa gigante, pero había algo escrito que decía.
Supervisión 12/03/96
Y,
posterior a eso, un nombre que se repetía en el mapa.
Le Front
No
entendían que significaba este nombre y, al seguir investigando todo ese día no
encontraron nada. Buscando en páginas webs aquel nombre, uno de ellos sugirió ingresar
a la Deep Web donde pudieron hallar un enlace perteneciente a una ‘empresa
farmacéutica’.
Le Front, empresa farmacéutica y
distribuidora de medicamentos especializados en longevidad y tratamientos contra
dolores físicos.
Siguieron
leyendo hasta que encontraron la parte de asociados.
En caso de querer ser socio activo de
la organización, le invitamos a llenar el siguiente formulario indicando sus ‘razones’
del porqué desea ser parte de nuestra familia. Seguidamente, en las próximas 48
horas, se le será enviado un correo a su cuenta indicando los pasos para agendar
una ‘cita’ vía online en caso de haber sido aprobado en la primera etapa. Hasta
entonces, que pase un buen día.
̶ Ha ha ... parece que todo este problema recién está comenzando. ̶ comentó Lois con gran preocupación al ver esta información.
En
la noche de aquel día, en una especie de gigantes viaductos subterráneos de la
ciudad, caminaba, algo cansada, una persona algo herida quien cargaba con ella
una especie de lanza antigua, pero el material parecía ser todo de metal.
Aquel
varón parecía estar siendo perseguido y, estando herido por la zona de sus
costillas, de inmediato se defendió de especies de proyectiles como balas que
se dirigían hacia él.
De
repente, en su enfrente apareció otra persona quien vestía un polo de manga
corta y pantalones jeans. Su cabello era un poco largo y tenía un tatuaje en su
brazo derecho que decía Le
Front.
̶ Así que … ¿recién apareces, eh? ̶
comentó Richard sarcásticamente.
Era
el inicio de una batalla.
Había
pasado un día, Aren, al levantarse del cuarto donde estaba hospedándose, se dio
con la noticia de que Alicia ya no estaba en la residencia y que antes de irse
dejó un pequeño papel para que se lo entregasen a él.
Gracias por todo, adiós.
Seguido
daba la dirección que mencionaba ser un restaurante. De la nada, Lois apareció
y ordenó al mayordomo quien le había dicho la noticia a Aren que se retirara.
̶ Parece que eres muy querido para ella si es
que realmente te dejó esa dirección.
Aren
no sabía a lo que se refería.
̶ Aunque Alicia se haya ido en la madrugada,
creo que antes de retirarse quería ir ahí contigo … te sugiero que, antes que
tú también te vayas, des una vuelta por ese lugar ... ah, y será mejor que
lleves ese papel contigo. ̶ comentó Lois con nostalgia.
Dicho
así, esa misma noche, fue a ver dónde quedaba el lugar. Esto lo hizo después de
comprar su boleto de viaje con los documentos falsos que tenía y según las
recomendaciones que Alicia le había mencionado anteriormente.
Un
gran restaurante de temáticas chinas y japonesas estaba frente a él y un hombre
barriendo la entrada. El hombre era de contextura ancha, pero alto, vestido con
lo que se pudiera decir el atuendo de un empleado del lugar.
El
restaurante era de tres pisos, y, por lo visto, era algo famoso por estar lleno
y de algunos jóvenes a las afuera tomándose fotos junto al establecimiento.
El
viejo de ahí parecía no importarle, más bien le era algo entretenido de ver.
Aren
caminó hacia aquel empleado y preguntó sobre el lugar; el viejo le dio la
bienvenida aún si no era un cliente; era bastante amable. Fue entonces que el
joven sacó aquel papel que Alicia había dejado y preguntó si alguien la
conocía.
La
mirada en el viejo se llenó de nostalgia y, en ese momento, lo invitó a pasar diciéndole
que no se preocupara, que la casa invitaría hoy.
El
joven lo siguió, pues era comida gratis; y, estando en una mesa, fueron
servidos algunos platillos. El viejo empleado comenzó a preguntarle sobre quien
le había dado ese papel y dónde estaba esa persona ahora.
Aren
se inquietó un poco, pues el hombre parecía de antemano conocer a Alicia; no
dudó y preguntó por su nombre.
̶ Takahiro Sakamoto.
El
joven recordó cómo una vez Alicia había mencionado aquel apellido al llegar a
la ciudad.
̶ Sabes … ella era una niña común como
cualquier otra, solo que el mundo fue cruel con ella … en la última llamada que
tuvimos, me contó que le preocupaba el hecho de que todos los actos que ella
había cometido pudieran poner en peligro a su querido amigo … pues, a cualquier
lugar que ella fuera, solo encontraría problemas por sus acciones pasadas. ̶ comentó
aquel viejo hombre con tristeza ̶ No se toda su vida, pero he escuchado
rumores de su pasado … y es algo que aún la tiene prisionera en su mente …
espero que algún día pueda encontrar la libertad. ̶
finalizó de comentar sobre aquella persona.
Luego,
el viejo empleado quien en realidad era el dueño cambió de tema y habló con alegría
y gran amor paternal.
̶ Y dime … ¿mi niña te ha causado problemas?
Si,
en pocas palabras, era la apertura para una larga conversación. Aren comenzó a
contar todo desde el día en que se conocieron mientras comían.


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